¿Sabías por qué chocamos las copas al brindar? Historia de un gesto casi automático
Del miedo al veneno a un gesto de confianza, así es cómo nació una costumbre que todavía hoy repetimos casi sin pensar
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En celebraciones, cenas familiares o reuniones de amigos, levantar la copa y chocar con los demás es tan habitual como comer o conversar. Pero este gesto tiene una historia larga y curiosa, que mezcla desconfianza, supersticiones y, con el tiempo, también afecto.
En la antigüedad, brindar no era solo una forma de celebrar. En algunos banquetes, especialmente entre personas con poder, se temía que alguien intentara envenenar la bebida. Por eso, al chocar con fuerza las copas, el vino o la cerveza podían salpicar de un vaso a otro. Así se demostraba que ninguno tenía malas intenciones. Era una forma de decir: “Confía en mí, yo también bebo lo mismo”.
Con los siglos, esta costumbre fue cambiando. En la Edad Media, por ejemplo, se creía que el sonido de las copas al chocar servía para alejar los malos espíritus. Brindar se convirtió en una especie de ritual protector. Ya no solo era una prueba de confianza, también se pensaba que daba buena suerte.
El gesto fue adoptado en distintas culturas europeas y, poco a poco, se convirtió en una costumbre social. Hoy en día, aunque ya no tememos que alguien nos envenene ni creemos que el chin chin ahuyente a nadie, seguimos haciendo el gesto con la misma simbología: compartir, celebrar y desear lo mejor.
Un gesto cargado de sentido
La palabra que usamos en español para designar a este gesto también tiene su historia. Viene del alemán bring dir’s, que significa “yo te lo ofrezco”. Se empezó a usar en el siglo XVI, y con el tiempo pasó a otros idiomas. En inglés, por ejemplo, el brindis se llama toast (tostada), porque antiguamente se añadía un trozo de pan tostado al vino para mejorar su sabor.
Brindar, en definitiva e independientemente del momento y civilización en el que lo situemos, ha sido siempre un acto que va más allá de beber. Es una forma de ofrecer algo a los demás: buenos deseos, amistad, respeto o reconocimiento.
En muchas culturas, incluso hoy, hay reglas no escritas sobre cómo se debe brindar. Por ejemplo, en España, Alemania o Italia podría ser de mala educación no mirar a los ojos al chocar las copas. También se considera extraño brindar con agua, o no beber justo después del choque. Estos detalles, aunque parezcan pequeños, muestran que el gesto sigue teniendo importancia.
Brindar no es un acto insignificante. Es un momento de conexión entre las personas. Un pequeño pacto que dice: “Estamos aquí, juntos, celebrando algo”. Puede ser la vida, un logro, una amistad o simplemente el hecho de compartir una mesa.
Aunque ha pasado mucho tiempo desde que este gesto nació por miedo o superstición, el brindis sigue vivo. Ha cambiado de forma, pero no de sentido. De hecho, actualmente incluso en el entorno digital, en las fotos, también se levanta una copa o se captura un momento de brindis como señal de unión.
Detrás de ese chin chin hay siglos de historia. Un gesto que ha pasado de generación en generación, adaptándose a los tiempos, pero conservando su esencia.
