El
viaje de Cristóbal Colón hacia lo desconocido en 1492 no solo fue una gesta de navegación, sino también de control psicológico. Durante su primera travesía al Nuevo Mundo, el almirante se enfrentó a una
tripulación cada vez más desesperada por llegar a tierra firme. Tras semanas en alta mar, el desánimo crecía y la amenaza de motín flotaba en el ambiente. Fue entonces cuando
Colón decidió aplicar una estrategia poco ética pero eficaz: mentir sobre la distancia recorrida.
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