A dos pasos de la Plaza Mayor , Toribio Hernanz abrió en 1845 una tienda de alpargatas y aperos. Un espacio alargado y no muy ancho, con mostrador, bancos y estanterías de madera que anticipaban un almacén abarrotado. Entonces -y hasta la década de los 60, cuando el desarrollismo llegó a España- se trataba de surtir a los campesinos que faenaban en los arrabales de Madrid . Esparto, yute, mimbre, cuero o lona para elaborar cestas, canastos, cordeles y un calzado humilde del que, durante muchas décadas, tan sólo se ofrecían dos modelos en dos colores discretos. Ciento ochenta años más tarde, la tienda de Toribio sigue tal cual la dejó y en manos de sus descendientes. Un ejemplo de...
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