Con la llegada del verano, las altas temperaturas, la humedad y los cambios en los hábitos de vida favorecen la aparición de numerosos riesgos ambientales. Entre ellos, las plagas encuentran el escenario ideal para proliferar, aprovechando las condiciones cálidas y la actividad humana al aire libre. Ya sea en
zonas urbanas, rurales o costeras, los insectos, roedores y otros organismos aumentan su presencia durante estos meses, convirtiéndose en un problema no solo para el bienestar, sino también para la
salud pública.
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