A todo el mundo le ha ocurrido alguna que después de tocar a una persona, se produce un
calambre que suele resultar bastante molesto. En casos más extremos, incluso puede generarse una gran chispa. Esto también pasa a la hora de tocar ciertos objetos, en especial si son
metálicos, como cuando apoyamos la mano para no perder el equilibrio al agacharnos para atarnos los cordones de los zapatos o colocarnos bien los calcetines.
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