En plena resaca de la verbena de
Sant Joan, una pick up azul con una pequeña franja grana en los laterales daba vueltas y vueltas por la
Plaça Francesc Macià con unos altavoces gigantes bien visibles. Hasta los
Mossos d’Esquadra, plantados en la zona en un control sorpresa, prestaron atención cuando sonó algo que no era música convencional. Sí algo más parecido al ambiente que se respira en un campo de fútbol, incluso algún cántico que recuerda a los que entonan los aficionados del
Barça. Todo muy enigmático. Entre los que también miraban con curiosidad estaba
Thiagus Petrus, pívot del
Barça de balonmano los últimos siete años antes de irse al
Veszprem, que disfrutaba con su familia del sol barcelonés en una terraza.
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