Ni cadáveres, ni coches. En contra de los dimes y diretes que circulaban hace un cuarto de siglo, en la limpieza del estanque del Retiro de 2001 no se descubrió el cuerpo de ningún delito, ni automóviles naufragados por extraños motivos en su fondo, aunque sí un sinfín de sorpresas en esos lodos que en algunos puntos llegaban a superar el medio metro de altura. Aquello parecía el Rastro pasado por agua, desierto y sin tenderetes. Contabilizaron 192 sillas, 41 barcas y dos piraguas hundidas, así como otras tantas mesas, 20 papeleras de diferentes modelos, nueve bancos de madera, tres contenedores, 19 vallas metálicas del ayuntamiento, 50 teléfonos móviles, varios carritos de supermercado, cochecitos de niño, bicicletas, monopatines y soportes...
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