La cumbre de la OTAN que terminó ayer en La Haya pasará a la historia al menos por dos cosas: la sumisión de todos los aliados europeos a las exigencias de Donald Trump y, como consecuencia de ello, el comienzo de un rearme muy significativo de los aliados europeos y Canadá, que en los últimos 50 años se habían acostumbrado a aprovecharse del hecho de que Estados Unidos representa una colosal potencia militar. En cambio, en el caso de Ucrania, Trump parece seguir prisionero de sus planes de lograr una salida negociada con Putin, lo que ha limitado en gran medida la posibilidad de que la Alianza mostrase un grado de apoyo más explícito a Kiev, aunque en el último...
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