Uno quiere creer que hasta la crueldad tiene unos límites. El ingenio de la cabeza humana puede servir para multiplicar el mal y llevarlo a todos los átomos del cuerpo de su víctima como un río de dolor, pero tiene que haber un tope en el que hasta el cerebro más depravado suelte a su presa. No por compasión ni humanidad , que hay muchos a los que se la arrebataron o se la dejaron por el camino con malas elecciones , sino por el mismo cálculo frío con que ajustan la forma más dura de hacer daño. Si en sus valores está la decisión de borrar a alguien por algún motivo tal vez en cierto momento piensen que no...
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