El sello del PNV no ha sido facilitar la alternancia en Moncloa para castigar la corrupción, sino apoyar a gobiernos corruptos débiles mientras no tuvieran mejores incentivos. Lo demás es faramalla retórica de ese partido demasiado acostumbrado al cinismo jesuítico: ni una mala palabra, ni una buena acción. Con Rajoy acababan de pactar unos presupuestos, a pesar de años de escándalos, y se subieron calculadamente a la moción vertebrada sobre una frase torticera de un juez entregado a la causa. Y lo sabían. Ahora Santos Cerdán, uno de los promotores de la operación, ha contado que su buena relación con el administrador único de Servinabar , primer epicentro de mordidas, facilitó que el PNV se sumase a la moción contra...
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