Desde el cuarto real de Carlos V en el Monasterio de Yuste la comarca extremeña de La Vera se abre imponente hasta donde alcanza la vista. Da igual si el sol raya sobre el agua de su estanque o si ciega de gris el verde de sus campos tras las nubes cerradas. Solo quien llega hasta este imponente enclave puede hacerse una idea de la paz que el emperador halló en este paraje cacereño. Un postrero destino que persiguió con anhelo tras abdicar en favor de su hijo Felipe II y que duró 595 días hasta su muerte, el 21 de septiembre de 1558. Al menos, si se tiene en consideración la fecha en la que inició su último viaje,...
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