Добавить новость
ru24.net
World News
Октябрь
2025

Con la lámpara encendida

0

Lectio divina para este domingo XXIX del tiempo ordinario

Orar sin cansarse. Este cansancio no se refiere a una fatiga física o mental en la oración, sino la lenta renuncia que cede al desaliento. Las lecturas de hoy coinciden en la necesidad de favorecer los medios para mantenernos en un trato continuo con Dios y disponer todo lo necesario para ello. Leamos con atención

«En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin cansarse, les propuso esta parábola: “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”- Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”. Y el Señor añadió: “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lucas 18, 1-8)

La actitud de la viuda de esta parábola nos habla de constancia en la oración, constancia con parresia filial, la santa audacia de quienes saben que Dios ama hacer justicia. A Él podemos pedirle con la certeza que quiere lo mejor para nosotros y, ciertamente, que espera que volvamos a su presencia para darnos lo que necesitamos.

La insistencia en la oración, por tanto, no es porque Dios olvide lo que pedimos, sino porque a través de ella nos mantenemos en su presencia, amoldándonos cada vez más perfectamente a sus designios. No insistimos para informar a Dios, sino para conformarnos a Él

La rapidez de los medios con los que contamos hoy nos induce a querer las cosas de inmediato. Sin embargo, si contemplamos la creación advertimos que Dios ha dispuesto las cosas de otra manera. Todo lo valioso y cierto está marcado por la maduración y el crecimiento progresivos. Todo lo que Él ha creado está impregnado de su amor, que implica un crecimiento meticuloso lleno de esperanza. Por eso una oración que le dirigimos es como una pequeña semilla que, una vez sembrada en tierra, nos llama a perseverar en su cuidado y en la contemplación de su crecimiento. Vigilar y contemplar son, de hecho, los dos brazos de la plegaria, que tiene como fruto la paz y el gozo de la unión con Dios. Esta es la razón por la cual hemos de insistir una y otra vez en la oración, que se vuelve así la acción más valiente y fecunda que podemos realizar para dar el verdadero crecimiento a nuestras obras.

El punto final de la parábola nos muestra que la oración está referida en primer lugar a la fe. Porque el buscar e insistir a Dios con nuestro anhelo y palabras son el camino y alimento para que esta crezca en nosotros. Por eso, más que orar para pedir cosas tenemos que hacerlo para crecer en la conciencia de que somos hijos que cuentan con la atención y el cuidado del Padre. Cristo no nos pregunta aquí si pedimos, sino si creemos mientras pedimos

San Benito Abad, padre de los monjes de Occidente, enseñó en una sencilla frase cómo se debe orar: «brevis debet esse et pura oratio», «La oración debe ser pura y breve». La oración se muestra aquí como ese continuo cultivo de la semilla de la fe, la esperanza y el amor (…a Dios sobre todas las cosas). Por eso es tan necesario que la practiquemos antes, durante y después de todo lo que emprendamos y anhelemos.

Uno de los mejores ejemplos de esta oración pura y sencilla es el episodio vivido por el santo Cura de Ars, quien, intrigado por qué un campesino de su parroquia interrumpía sus labores para sentarse cada día en la iglesia sin hacer nada más que mirar al Señor sacramentado en la Hostia santa, una vez le preguntó qué hacía allí. Su respuesta fue clara: “Yo pienso en Él y Él piensa en mí”. Aunque este agricultor seguramente no conocía la Regla de san Benito, sí que sabía cuidar la semilla pura de la oración y podar su siembra con la brevedad que limpia lo innecesario.

Hoy reflexionemos sobre qué cosas, situaciones y pensamientos nos dispersan cuando pretendemos apresurar los plazos y conseguir inmediatamente lo que implica perseverancia, compromiso y espera confiada. Contemplemos a Cristo invitándonos a vivir la fe como camino que se recorre paso a paso y que se riega con nuestros ruegos y esperanzas elevados hacia Dios con la lámpara encendida.




Moscow.media
Частные объявления сегодня





Rss.plus
















Музыкальные новости




























Спорт в России и мире

Новости спорта


Новости тенниса