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Октябрь
2025

La prenda que revela la salud real de nuestras Fuerzas Armadas

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Un fallo de uniforme y un problema de fondo

En el desfile de la Fiesta Nacional y en el acto de jura de bandera en la AGBS, los alumnos no vistieron la prenda de cabeza que reglamentariamente les corresponde. En el primero de los actos se les vio con boinas cuando, según la normativa de uniformidad, habrían debido portar la gorra de plato. En el segundo, acudieron en uniforme de instrucción o de campaña, no en el modelo de gala que requiere el evento. :contentReference[oaicite:1]{index=1}

El problema puede interpretarse como una falla logística: entrega tardía de uniformes, contrato de suministro demorado, tallas incorrectas. Pero resulta difícil de separar de otras interpretaciones: ¿Es un signo de desprecio a la escala de suboficiales? ¿o acaso una manifestación de precariedad real en las Fuerzas Armadas?

La escala de suboficiales y su reconocimiento

La AGBS es el centro formativo para los futuros suboficiales del Ejército de Tierra. :contentReference[oaicite:3]{index=3} Tradicionalmente la escala de suboficiales ha reclamado mayor reconocimiento académico, retribuciones acorde, carrera profesional más atractiva.

El uso correcto del uniforme de gala no es un asunto menor. Las prendas de representación simbolizan la escala, la jerarquía, la identidad dentro de la institución. No llevarla supone, al menos simbólicamente, debilitar ese reconocimiento.

¿Qué dicen las normas de uniformidad?

En el Ejército de Tierra los actos solemnes requieren uniforme de gala o de paseo: guerrera caqui, camisa blanca, corbata negra, pantalón o falda caquis, zapatos negros, guantes blancos y gorra de plato o prenda femenina correspondiente. :contentReference[oaicite:4]{index=4}

Cuando los alumnos de la AGBS juran bandera y aparecen con uniforme de campaña, o desfilan con boina en lugar de gorra de plato, se incumple esa norma y se envía un mensaje: el uniforme, la escala, carecen de prioridad.

Implicaciones operativas y de moral

El uniforme implica disciplina, cohesión, representatividad. Si falla la dotación, ¿cómo afecta a la moral del escalafón? La AGBS es formadora de sargentos. Si sus alumnos no pueden desfilar correctamente, ¿qué mensaje se transmite al resto de la escala?

Asimismo, los suboficiales son la columna vertebral del Ejército de Tierra. Existe un viejo adagio militar que resume: “Cuando al sargento le va bien, al ejército le va bien”. Si ese engranaje falla, la maquinaria general también se debilita.

Presupuesto, prioridades y logística

La denuncia viene de asociaciones profesionales de suboficiales que apuntan al desequilibrio en los presupuestos de defensa. En el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y Defensa se destinaron 10.471 millones de euros, de los que, tras páginas de exposición, sólo el 6,48 % se asignaban al personal (679 millones) en un ejercicio aún pendiente de materialización. :contentReference[oaicite:5]{index=5}

El suministro de uniformes es una partida menor comparada con grandes adquisiciones de material militar. Pero ese acto simbólico —el desfile, la jura, la representación— también forma parte de la operatividad institucional, de la imagen y del orgullo interno.

¿Qué ha fallado en la cadena de dotación?

  • El contrato de suministro de uniformes se adjudicó con retraso o sufrió recursos administrativos. :contentReference[oaicite:6]{index=6}
  • Se tomaron medidas de tallas erróneas: algunos alumnos recibieron tallas muy grandes, otros no tuvieron solución. :contentReference[oaicite:7]{index=7}
  • Parece que no se dimensionó correctamente la necesidad para la promoción o no se anticiparon los tiempos de entrega. El acto solemne se sabía con antelación.

¿Es solo cuestión de uniforme?

No. El uniforme es un síntoma visible de una cadena de valor mayor: reconocimiento profesional, condiciones materiales, recursos humanos suficientes, logística eficiente. Si no se cubren los aspectos más visibles, surgen dudas sobre los menos apreciados.

Consecuencias y claves de futuro

Que los alumnos de la AGBS formaran sin gorra de plato o con uniforme de campaña no es un hecho aislado: es una señal que irradia hacia toda la escala de suboficiales y, por extensión, hacia la estructura general de las Fuerzas Armadas.

Entre las consecuencias potenciales están: menor orgullo institucional, sensación de abandono de la escala profesional, impacto en la atracción de nuevos candidatos, y una imagen pública debilitada. Si la inversión en material es prioritaria, la inversión en personas y representación debería estar tambiénlo.

Claves para revertir la tendencia

  • Revisar los contratos de suministro de uniformes y su vigencia para las promociones. Garantizar dotación a tiempo.
  • Elevar el reconocimiento académico de los suboficiales, ligando formación con título universitario como reclaman. Modernizar la carrera profesional.
  • Asignar partidas presupuestarias claras para el personal y su imagen institucional, no solo para armamento.
  • Mejor comunicación y visibilidad de la escala de suboficiales: su rol operativo y simbólico debe percibirse.

Una última pregunta

Si el acto de formar un suboficial no puede celebrarse con el uniforme adecuado, ¿cómo espera la institución formar efectivos preparados para actuar con orgullo y eficacia en misiones reales? El uniforme no es mera formalidad: es parte de la identidad. Cuando ese vínculo falla, algo más profundo está camino de quebrarse.




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