En los últimos años, el
paisaje rural de España está experimentando una transformación silenciosa pero profunda. Las explotaciones agrícolas tradicionales están cediendo terreno a una nueva forma de producción: la
energía fotovoltaica instalada sobre suelo agrícola. Según datos recientes, la superficie ocupada por instalaciones de
placas solares ha aumentado un 166% en lo últimos ocho años, pasando de unas
19.000 hectáreas en 2016 a cerca de 50.000 en 2023.
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