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Ноябрь
2025

El agradecimiento

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Abc.es 
Servicial y agradecido, esos son los dos atributos que uno espera de alguien a quien le has regalado el cielo, le has regalado un puesto que representa el triunfo de una carrera profesional y la envidia de los demás. Que te envidien los demás es lo mejor del mundo. Imagínate que un presidente del Gobierno de un país europeo importante te nombra fiscal general del Estado. No es cualquier cosa. La elección de tu persona es un acto de máxima confianza. Tu persona alcanza el altar máximo de la carrera profesional a la que decidiste dedicar tu vida desde tu más tierna e inocente mocedad. Estoy hablando de psicología política, algo de lo que nadie habla en las tertulias de televisión. Mira que hablan de estupideces y se olvidan de lo fundamental: la codicia. Cómo no lanzarse a socorrer a tu benefactor cuando este necesita una pequeña ayuda. Todos lo haríamos. Es lo más humano del mundo si piensas que te han colocado donde te han colocado porque te lo mereces. Son mucho mejores los que piensan que no se lo merecen. Acaban siendo más cautos y no meten la pata. ¿Quién en España no le hace un favor a su jefe si su jefe necesita una pequeña ayuda? Quien te nombra ministro, o fiscal, o lo que sea que te puedan nombrar, espera de ti algo. ¿Espera que tu denodado esfuerzo sea la consecución óptima del bien general de España? Eso ya no existe, por eso la crisis de la democracia española es un agujero negro. Contra el uso de los poderes del Estado para asesinar socialmente a un individuo ya nos previno el escritor judío de lengua alemana Franz Kafka, cuya lectura recomiendo a quienes estén interesados en la contemplación de la vida política española desde la psicología del triunfo y el fracaso. No hay ideologías en España, solo hay estrategias distintas para alcanzar el poder. Es como si en este siglo XXI la lucha encarnizada entre los dos grandes filósofos de la modernidad, es decir, Freud y Marx, se saldase con un ganador indiscutible: Sigmund Freud. Estamos viviendo la desaparición del marxismo, si bien una desaparición nunca verbalizada, y estamos celebrando el triunfo de las tesis de psicología política del doctor Freud. El poder es el fentanilo de las elites. Lástima, me quedaré sin probar ese fentanilo que no lo dispensa la seguridad social. El amor de tu jefe es muy necesario para fortalecer tu espíritu cuando te levantas por la mañana, cuando tu culo se sienta en el cuero lujoso de tu coche oficial, coches comprados siempre a la rica Alemania, y ese cuero que acaricia tu culo te recuerda quién puso allí tu culo. No se puede entender lo que le pasó por la cabeza al fiscal general del Estado sin pensar en su culo. La democracia española es un debate de culos . Cuando yo me levanto por la mañana le doy gracias al azar, o a Dios, o a quien sea, por tener la suerte de no haberle resultado simpático a ningún político español. Mi culo siempre acaba en el mismo sitio: en las desgastadas sillas de plástico del transporte público de Madrid. Celebremos tener nuestros culos allí. ¿Sabríamos no ser serviciales y agradecidos si nuestro culo se sentara en lugares nobles y dignos y solemnes gracias a la voluntad del jefe? Hay un franquismo psicológico persistente, y este se llama agradecimiento. Fueron cuarenta años de gente agradecida. Regresa el agradecimiento y se enmascara como responsabilidad. No fue responsable de lo que hizo o no hizo el fiscal general del Estado. Fue algo más grandioso, extraordinario e indestructible : fue agradecido. Da igual que sea inocente o culpable. Lo que sí sabemos es que siempre fue agradecido, como tantos otros y otras. Me levanto por las mañanas y me digo «imagínate que te nombran ministro, tendrías que estarle agradecido a tu salvador de la mediocridad de una vida sin pompa pública». No soportamos ser don nadies. No lo soportan los jueces. No lo soportan los escritores. No lo soportan los periodistas. No lo soportan los futbolistas. No lo soportan los artistas. No lo soportan los obispos. No lo soporta nadie. Por eso Freud se ha hecho el amo de este mundo. No creo que cometiese un delito ese hombre de gafas redondas y mirada leve, de escasa intensidad. No era un delito. Era algo que todos habríamos hecho. ¿Qué es la lealtad en la política? Una buena pregunta. La lealtad se la debes a quien te escoge, no al cumplimiento estricto, y avaro de su competencia, de tu trabajo. La excepcionalidad en el trabajo se va apagando, es una luz mortecina. Lo que brilla en España es algo muy viejo, algo medievalizante, algo que para mí es subdesarrollo moral: el agradecimiento. Se trata de una reverencia, se trata de un estar allí. Está cinematográficamente muy bien representado en la película 'El padrino', cuando Marlon Brando se lo exige al dueño de una funeraria, en una escena memorable, en la que don Vito Corleone le dice al dueño de la funeraria no quiero tu dinero, quiero tu alma, quiero tu agradecimiento, quiero tu amistad. Recuerdo la primera vez que lo vi, al agradecimiento, digo. Lo vi en la Universidad española de los años ochenta en donde me formé. Allí lo vi en todo su esplendor, en toda su magnificencia. Y sigue estando en la Universidad del siglo XXI, no se morirá nunca. De hecho, a mí me echaron de la Universidad por ser justamente eso: un desagradecido. La vida es una comedia de gente agradecida y gente desagradecida. Me fascinó esa cualidad que yo no tenía. Era una forma saludar, una forma de estar presente en los momentos en que tu jefe te necesitaba. ¿Cómo averiguar esos momentos? Hay que tener un talento excepcional ¿Por qué yo no lo tenía? No lo sé, no lo he sabido nunca. O tienes ese talento o no lo tienes. De modo que mi culo dejó de aposentarse en el sillón de un despacho de Universidad y pasé a aposentarlo en donde Dios me dio a entender, pero eso fue una de las grandezas de mi vida privada. Me tienta una soflama revolucionaria: españoles y españolas, olvidaos de vuestro culo, que se siente allí donde la libertad os guíe. O regresan los desagradecidos o este país será aburridísimo y letalmente mediocre. No hay nada más mediocre que el agradecimiento político, porque va contra la grandeza de la vida. Yo me libre de él gracias a la literatura, que es la gran patria de los desagradecidos.



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