Durante mucho tiempo uno de los mitos más extendidos ha sido creer que una persona cuando envejece sufre un declive en su capacidad para hablar. Sin embargo, una alicantina ha constatado que los mayores mantienen también una gran riqueza léxica, que incluso tiende a aumentar con la edad, y una enorme flexibilidad en la comprensión del lenguaje. Su estudio ha demostrado que el cerebro adulto sigue siendo dinámico y adaptable, capaz de ajustar la forma de procesar la información lingüística en función de la experiencia acumulada.