Irlanda y Hungría se jugaban en Budapest el billete a la repesca del próximo Mundial, en un grupo dominado con autoridad por la
Portugal de Cristiano Ronaldo. El contexto era claro:
Hungría, segunda con un punto más, clasificaba incluso empatando;
Irlanda, en cambio, solo dependía de la victoria para seguir con vida en el camino mundialista.
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