El día que terminó el carnaval, y el ciudadano Álvaro García Ortiz se despojó del disfraz de fiscal general del Estado y se sentó en el banquillo de los acusados , pensé que, en realidad, todo se debía al exceso de un político macho sobre una política hembra que le obsesiona tanto que hemos llegado al ridículo. Todos los seres humanos atravesamos etapas de manía hacia alguna persona. Muchas de esas manías son superficiales –un presentador, una actriz, un camarero, un cliente–, pero hay otras que son persistentes, porque el objeto y sujeto de la manía es alguien próximo –un cuñado, una sobrina, un abuelo, un vecino…–, y eso es más difícil de soportar, y de curar. Con los contrincantes...
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