Sobre la apatía política y ciertos parlamentarios elegidos
Quedando para el análisis en otros espacios lo ocurrido, en muchos sentidos sorprendente, con la primera vuelta presidencial, nos referimos, en cambio, a la elección parlamentaria, no en el sentido de la correlación de fuerzas, sino en el perfil de varios de los candidatos escogidos.
Una de las consecuencias del voto voluntario aprobado hace más de una década fue que los partidos políticos y los medios de comunicación abandonaron a esa amplia franja de votantes integrada por millones de personas que se restaron consistentemente de cualquier votación, simplemente porque no les interesa. Corresponden al analfabeto político del poema de Bertolt Brecht según el cual “no sabe que el costo de la vida,/ el precio del pan, del pescado, de la harina,/ del alquiler, de los zapatos o las medicinas/ dependen de las decisiones políticas”.
En buena medida, es cómodo gobernar y legislar cuando un porcentaje importante de la población muestra un desinterés absoluto por las acciones del Ejecutivo y el Parlamento. Así, entre los dirigentes políticos y medios de comunicación elitizados se encargan de decidirlo y señalarlo todo. Dinámica que se agrava en tiempos de noticias falsas y de manipulación de algoritmos, retrocesos de época que se han valido de la ignorancia política y la manipulación.
Dicho lo anterior, tan cómodo como gobernar en medio del desinterés es culpar a las personas que, merced al cambio en las reglas electorales, de todos modos, votan y lo hacen de una determinada manera. Obligados, pero votan. Inevitable preguntarse, cuando esas dirigencias se quejan de las supuestamente equivocadas decisiones del pueblo inculto, dónde han estado cuando había que recorrer los barrios, las regiones y las zonas rurales; cuando había que mejorar la educación y la comprensión de lectura; cuando había que realizar cambios para tener un ecosistema de medios de comunicación más diverso, de modo tal de no escuchar hora tras hora y día tras día tocar todo el tiempo las mismas teclas de la delincuencia y la migración.
Otra cita, atribuida a Platón, dice que “el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”. No tiene esta columna, al citarla, el propósito de referirse a una idea política en particular, pero sí sobre varios de aquellos que ingresarán al Congreso Nacional, después del que para muchos, incluyéndonos, ha sido el peor parlamento desde el fin de la dictadura. Cuando este periodo acabe, comenzará inmediatamente otro donde redactarán nuestras leyes personas como alguna que, sin ningún respeto por la ciencia, difunde fantasías como si fueran verdades respecto a los ovnis; otras que han hecho del odio y la descalificación su modo preferente de conocimiento público; desaforados por corrupción; periodistas acusados de difundir noticias falsas, entre otros. Pero, a pesar de que este panorama hace temer con justa razón lo que pueda ocurrir en el periodo legislativo 2026-2030, lo peor sería atacar el síntoma restringiendo la participación política, en vez de emprender de verdad, en necesario anonimato y por tanto lejos de las cámaras y los posteos de instagram, la tarea de ayudar a re-politizar la sociedad en el mejor sentido del término, de modo de forjar una ciudadanía más informada que prefiera elegir a los mejores.
