Ante la insólita apatía de la Consejería de Educación del País Vasco y de un instituto de Plencia (Vizcaya), una profesora lleva soportando desde 2018 el acoso violento por parte de una «auténtica manada» de alumnos de ese centro, por salir en defensa de una pareja de discapacitados que fueron objeto del hostigamiento del grupo. La docente está de baja y medicada desde el pasado 1 de noviembre, pues no aguantaba más lanzamientos de huevos a su domicilio, ni más insultos ni más pintadas contra ella, utilizando además el lenguaje etarra para resultar más amenazantes. Han tenido que pasar ocho años para que intervengan la Fiscalía y la Ertzaintza. La falta de una acción correctora eficaz del departamento de Educación vasco , y del propio centro, ha generado esta incalificable situación, que define el desinterés general de la Administración por terminar con el acoso a los docentes, una lacra que lastra el desempeño del oficio de profesor, vital en cualquier sociedad.