Alicante. Hospital General. A su alrededor, campo y alguna pequeña construcción. Allí llega Pilar Sánchez con contracciones de parto y por indicaciones médicas. Iba a nacer su cuarto hijo. Es 20 de noviembre de 1975 y hace pocos minutos que Franco ha muerto, pero ella y su marido, Joaquín González, "El Carafal", todavía no lo saben. De hecho, aún no rompe el sol la madrugada cuando salen desde Crevillent en la furgoneta de repartir la leche. Arias Navarro tardará varias horas en comparecer ante España para pronunciar la conocida frase: “Españoles, Franco ha muerto”. Eso ocurriría a las diez de la mañana en un mensaje cargado de dramatismo y cuidada escenografía. El país entraba en un luto que duró 30 días y que esa primera mañana dejaba sin clases a los otros tres hijos de Pilar: Joaquín, Pilar y José Antonio.