Es un día cualquiera en uno de los centros hospitalarios en Sevilla de una conocida compañía. El amplio y luminoso vestíbulo da la bienvenida a quienes acuden con cita previa para una prueba. La dirigente política se cubre con unas amplias gafas de sol. «¡Anda, tú por aquí! No te esperaba con la lengua de las listas de la sanidad privada». Ella pone cara de circunstancia. «Es que como Moreno Bonilla no me daba cita para hacerme la prueba, fíjate, me he tenido que buscar eso». Ella, una mujer de mediana edad, sigue hablando en privado como lo hace ante los estrados. Con ese discurso que parece como si el presidente de la Junta fuera el que, vestido con la...
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