Expertas del CIAE alertan sobre la exclusión de niños de sala cuna y proponen universalizar el acceso
En el Día Internacional de la Infancia, un análisis realizado por Marcela Pardo y María José Opazo, investigadoras del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, alerta sobre la exclusión de la mayoría de los niños menores de dos años del nivel sala cuna en el país.
Según datos de la Encuesta Casen 2022, solo uno de cada siete niños menores de dos años asiste a la sala cuna, lo que revela una brecha preocupante: los niños de familias con menos recursos son quienes menos acceden a este primer nivel educativo, pese a ser quienes más podrían beneficiarse de él. La asistencia global a sala cuna alcanza solo el 13,8% de los niños menores de dos años.
La sala cuna como un derecho universal
El análisis propone un cambio de enfoque fundamental en la legislación chilena: que la sala cuna deje de ser entendida solamente como un beneficio laboral y se reconozca además como un derecho universal de la infancia.
“El acceso a la sala cuna no puede depender de la situación laboral de los padres, porque la educación desde el nacimiento es un derecho inalienable”, dice Marcela Pardo, haciendo alusión a la Convención sobre los Derechos del Niño.
Actualmente, el derecho a sala cuna se rige por el Artículo 203 del Código del Trabajo, que obliga a las empresas con 20 o más trabajadoras a ofrecer este servicio. Este criterio, vigente desde 1917, en la práctica excluye a más de 2,5 millones de madres y/o padres que no se desempeñan en el mercado laboral formal, tales como trabajadores informales, desocupados e inactivos.
Exclusión y beneficios de la educación temprana
El estudio muestra que la asistencia disminuye a medida que bajan los ingresos familiares: los niños en situación de pobreza extrema son los que menos acceden a este nivel educativo. La informalidad y la desocupación dejan fuera del sistema a miles de familias que, al no poder costear una sala cuna privada (cuyo valor puede superar los $500.000 mensuales), quedan sin alternativas de cuidado ni educación temprana.
La investigadora María José Opazo enfatiza que la evidencia internacional respalda la importancia de este nivel:
“La evidencia muestra que una educación temprana de calidad mejora el desarrollo cognitivo, el lenguaje y la socialización, además de aumentar la permanencia escolar en etapas posteriores. Los niños de familias de menores ingresos son quienes más se benefician de una educación parvularia temprana”.
Las investigadoras concluyen abogando por avanzar hacia la universalización efectiva de la sala cuna a través de la red pública existente, garantizando este derecho desde el nacimiento sin depender de la condición laboral de los padres.
