ALVARO García Ortiz es un soldado que por convicción, por una idea militante de la justicia o por apego al cargo puso al servicio de Pedro Sánchez la Fiscalía General del Estado. Un día recibió una orden desde Moncloa y, a diferencia de Juan Lobato, entendió que los soldados no cuestionan las órdenes del mando: las llevan a cabo. Lo que no fue capaz de comprender cuando el Supremo le abrió una causa es que su jefe había decidido utilizarlo fuese cual fuese el desenlace del caso. Si salía absuelto el aparato oficialista podría lanzar una campaña de propaganda a todo trapo, y si lo condenaban utilizaría la sentencia para victimarse y cohesionar a su electorado. Era un 'win-win', una...
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