Existe un punto de no retorno en la historia de las democracias, un momento crítico en el que la indiferencia deja de ser una opción para convertirse en complicidad. España ha cruzado ese umbral. La imagen de José Luis Ábalos, el que fuera 'fontanero' mayor del sanchismo y mano derecha del presidente, cruzando las puertas de prisión no es un hecho aislado ni una anécdota judicial: es el epitafio moral de un Gobierno en descomposición. Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018 a lomos de una moción de censura fundamentada en una supuesta regeneración ética. Hoy, la realidad nos devuelve un reflejo grotesco de aquella promesa. Sánchez no llegó para limpiar nada; llegó para ocupar todo. Tramaron su asalto...
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