Gobernar el
Barça le supuso a
Joan Gamper enfrentarse a muchas dificultades: en 1908, en su primera presidencia, salvó al club de la desaparición; puso un millón de pesetas de su bolsillo para ayudar a pagar
Les Corts; la dictadura de
Primo de Rivera cerró el campo por seis meses por los pitos del público a la
Marcha Real y castigó al presidente con la dimisión y el exilio; la persecución continuó al prohibir el régimen franquista que el nuevo estadio (al que llamaban ‘camp nou’) llevara el nombre de
Joan Gamper. Fue perseguido por protestante, extranjero, catalanista y suicida. La democracia no restituyó la deuda eterna con el fundador.
Seguir leyendo...