Pocas cosas hay mejores en el fútbol que un portero que pare y un delantero que marque. Al final, es verdad, juegan once, pero decidir deciden pocos. Y en el
Real Madrid, por ejemplo, son
Courtois y
Mbappé los que solucionan esa papeleta. Sobre todo a Xabi Alonso que, antes de entrar en
La Catedral de San Mamés, la catedral del fútbol, estaba más que en duda pero al salir, si bien no se le han perdonado todos los pecados de su equipo, sí que al menos los más graves.
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