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Декабрь
2025

O el caos de este liderazgo o el cambio

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El PSOE está en su peor momento político y electoral y el PP va a obtener el mejor resultado de su historia en una región, como Extremadura, de amplia tradición socialista. El desgaste de los socialistas extremeños viene por dos frentes, uno de carácter nacional y otro de ámbito local.

Por un lado, el partido está descomponiéndose en toda España como resultado del balance de Pedro Sánchez. Los pactos y cesiones humillantes a independentistas, el blanqueo de Bildu, la compra de votos nacionalistas y las maniobras que ha realizado para mantenerse en el poder, con la ley de amnistía como muestra de hasta donde está dispuesto a llegar, han hastiado a los votantes de izquierdas.

La imagen de un político aferrado al sillón contra viento y marea, en minoría parlamentaria e incapaz de sacar adelante las iniciativas más elementales de un gobierno, como son los Presupuestos Generales del Estado, y los casos de corrupción económica que afectan al equipo de máxima confianza y al propio entorno familiar de Sánchez son el retrato de un presidente cuya característica principal es la de mentir.

Además, las denuncias por acoso de varios cargos socialistas han trufado las últimas semanas provocando el rechazo de muchos apoyos socialistas. La corrupción política, la económica y la ingobernabilidad del país son las razones por las que el Partido Socialista está siendo castigado en todos los lugares.

Pero en Extremadura la situación se complica más. La imagen de Gallardo quedó tocada éticamente por forzar la salida de varios miembros de la candidatura para obtener la condición de aforado en el proceso por corrupción en que será juzgado junto al hermano de Sánchez.

Su futuro judicial es incierto y su candidatura es un problema para los socialistas extremeños. Solo beneficia a Sánchez que, de esta manera, refuerza su relato de víctima de una presunta persecución de los jueces y magistrados en connivencia con la derecha política.

Si Gallardo es candidato es que el PSOE le absuelve y, por extensión al hermano del presidente, si hubiesen buscado otro candidato, la lectura sería justo la contraria.

Los últimos días de la campaña en Extremadura han sido extraños y objeto de crítica en tertulias y análisis políticos. El robo en una oficina de correos, y el intento en otras dos más, provocaron unas declaraciones controvertidas de Guardiola que, sumadas a su negativa a participar en debates electorales, han alimentado la idea de que el PP sufrirá un castigo de última hora.

Sin embargo, pensar que una declaración más o menos afortunada o la ausencia en un debate pueden pesar tanto en el voto como la situación de un partido en decadencia que acude a las elecciones acorralado por la corrupción es, sencillamente, menospreciar a los votantes.

Un análisis riguroso de la evolución de la tendencia de voto en los distintos estudios demoscópicos publicados, indican con nitidez que la mayoría de izquierda está prácticamente descartada, que el PSOE está en claro retroceso y que el PP ha consolidado la treintena de diputados, no descartándose la posibilidad de mayoría absoluta.

Los espejismos de última hora solo sirven para crear sensación de que no hay nada decidido, pero la realidad es que no se ha movido un voto. Es cierto que unas elecciones hay que ganarlas en las urnas y también hay que superar las expectativas, porque cuando no se alcanzan la frustración adopta rostro de derrota. Por eso, hizo bien Feijóo enfriando la posibilidad de mayoría absoluta de los populares previendo que, de no alcanzarse, la victoria podría tomar un carácter amargo para Guardiola y supondría un terrón de azúcar en la derrota de Sánchez.

Las elecciones en Extremadura serán un duro varapalo para el líder socialista, que verá como le ponen las maletas en la puerta de la calle. El PSOE debe interpretar los resultados como la prueba de que Sánchez está totalmente amortizado. Su presencia en la campaña extremeña no responde a una implicación personal con Gallardo ni con el partido, el único objetivo que tiene el líder socialista es que Vox movilice electores porque cada pacto que el Partido Popular hace con la extrema derecha afianza a Sánchez con parte del electorado que se siente obligado a votarle con la nariz tapada. No le interesa ganar en las comunidades autónomas, no quiere más García Pages cuestionando sus decisiones autocráticas, pero tampoco quiere mayorías absolutas como la de Díaz Ayuso en Madrid. Abascal es su mejor arma contra Feijóo y sabe que nadie mejor que él para avivar la movilización de la derecha radical que nunca tuvo tantos votos como en su periodo como presidente. No se pueden deshacer los errores de este periodo y seguramente se seguirán conociendo informaciones sobre corrupción económica en los próximos meses. Sánchez se resistirá a marcharse utilizando todos los resortes a su alcance, los socios de legislatura se irán marchando uno a uno y la ingobernabilidad será evidente.

Nada mejorará si Sánchez sigue secuestrando al PSOE, por eso, los socialistas deben decidir entre el caos con este liderazgo o el cambio.




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