María Rosario Jiménez Rubio: «La seguridad jurídica que ofrece el Registro es un importante valor en alza»
María Rosario Jiménez Rubio es la nueva decana del Colegio de Registradores de España. Con la nueva junta de gobierno de la institución comienza una etapa que quiere apostar por la continuidad, afrontando también nuevos desafíos y retos y prestando especial atención a la responsabilidad social corporativa (RSC), la seguridad jurídica, la integración con las distintas administraciones y el servicio a los ciudadanos como ejes principales. La decana recibe en la sede de los Registradores a LA RAZÓN para explicar las líneas generales que afrontará la profesión a medio y largo plazo.
¿Qué lectura hace de este inicio de mandato?
Creo que el hecho de que se haya proclamado una única candidatura es muy significativo. Refleja claramente el consenso existente dentro de la corporación, el respaldo al equipo, al programa y, sobre todo, a una línea de actuación que viene de la junta de gobierno anterior. Para nosotros es motivo de satisfacción, pero también implica una enorme responsabilidad: mantener ese consenso a través de un trabajo serio, riguroso y comprometido. Afrontamos esta etapa con mucha ilusión, con energía y con un profundo sentido institucional.
Háblenos de la nueva junta de gobierno.
Es un equipo muy comprometido y con experiencia en gestión corporativa. Algunos de sus miembros ya formaban parte de la junta anterior, lo que garantiza la continuidad y el conocimiento de primera mano de los proyectos en marcha.
Al mismo tiempo, se incorporan nuevos miembros que aportan veteranía, nuevas perspectivas y una trayectoria importante en tareas corporativas. Es un equipo renovado dentro de una clara línea de continuidad estratégica, y para todos nosotros es un honor asumir esta responsabilidad.
Una de las grandes herencias que ha recibido ha sido la digitalización. ¿Será también un eje central de esta etapa?
Sin duda. La digitalización es una línea estratégica consolidada. El registro electrónico ya es una realidad plenamente operativa, con un recorrido solvente y exitoso. Ahora el reto es desarrollar todo su potencial, siempre sin dejar de lado los principios registrales: la calificación independiente, la responsabilidad profesional y la seguridad jurídica. La digitalización no es solo tecnología, es también normativa, inversión y un cambio de cultura organizativa.
En ese contexto, la ciberseguridad y la protección de datos parecen claves.
Absolutamente. Custodiamos una base de datos de enorme trascendencia y somos un servicio público esencial. El ciudadano confía en que sus datos estén protegidos, y esa confianza es irrenunciable. Por eso estamos desplegando sistemas cada vez más robustos, auditorías permanentes y una apuesta decidida por la ciberseguridad y la protección de datos. La digitalización exige reforzar, no debilitar, la confianza de los ciudadanos.
Más allá de la digitalización, ¿qué otras líneas estratégicas destaca?
Una muy relevante es la calificación basada en la geolocalización de las fincas. Nuestro geoportal registral ha demostrado ser una herramienta extraordinariamente útil, tanto en situaciones dramáticas como la DANA o la erupción del volcán de La Palma, como en operaciones cotidianas, por ejemplo, en la compraventa de suelo rústico. Este proyecto ha recibido un importante reconocimiento y vamos a seguir desarrollándolo y potenciándolo.
También ha mencionado la RSC como un eje clave.
La RSC es cada vez más central en nuestra actividad. A través de ella reforzamos nuestro compromiso con la sociedad civil. Iniciativas como Jubilare, que está teniendo una gran acogida, nos permiten generar espacios de debate con operadores jurídicos y profesionales en torno a las preocupaciones de las personas de edad avanzada. Además, trabajamos en accesibilidad y medidas que ayuden a personas vulnerables o afectadas por la brecha digital.
¿Cómo se compatibiliza la administración electrónica con la atención a quienes tienen dificultades digitales?
Es uno de nuestros mayores compromisos. La administración electrónica no puede dejar a nadie atrás. Los registros tienen una capilaridad territorial única, que nos permite estar cerca de los ciudadanos incluso en zonas rurales o remotas. Coexisten el acceso digital y el presencial, telefónico y tradicional. Estamos muy comprometidos con mejorar las buenas prácticas y la atención al público en todas sus formas.
Dentro de la responsabilidad social, ¿hay nuevas demandas sociales a las que el registro deba responder?
Vivimos en una época compleja, con nuevas preocupaciones como la vivienda, la mediación y los métodos alternativos de resolución de conflictos. Los registradores llevamos trabajando en mediación desde 2012, con un importante desarrollo doctrinal y práctico.
También estamos muy implicados en iniciativas relacionadas con personas mayores, sostenibilidad social y cercanía al ciudadano. Todo ello forma parte de una visión del registro como institución y una profesión al servicio de la sociedad.
A veces se percibe el registro como algo muy técnico y distante. ¿Cómo cambiar esa imagen?
Es cierto que existe esa percepción, pero el registro es profundamente social. Detrás de cada procedimiento hay una persona: el propietario que quiere proteger su vivienda frente a ocupaciones o fraudes, quien recibe una herencia, el pequeño emprendedor que quiere constituir una sociedad. El componente humano es esencial. Nuestro trabajo protege derechos importantes y fundamentales en el día a día, y eso debemos saber comunicarlo mejor, de forma clara y accesible.
Su trayectoria previa incluye responsabilidades territoriales. ¿Cómo le ha preparado esa experiencia para este cargo?
Han sido más de veinte años desarrollando tareas corporativas en distintos ámbitos, lo que me ha permitido trabajar con muchos compañeros y aprender la importancia del trabajo en equipo, de la escucha y de la búsqueda de soluciones eficaces. Mi experiencia como decana en Andalucía Oriental, por ejemplo, me enseñó a estar en contacto directo con los problemas reales y a coordinarse con otras administraciones y operadores jurídicos.
Todo ese bagaje es fundamental para asumir ahora esta responsabilidad.
¿Cómo se materializa la colaboración del Registro con las diferentes administraciones?
La colaboración interadministrativa es esencial. A partir de la normativa europea, los registradores mercantiles gestionamos el RETIR (Registro de Titularidades Reales), que permite conocer quiénes están detrás de las sociedades. Es una herramienta muy eficaz en la lucha contra el blanqueo de capitales, el terrorismo y otras formas de criminalidad. Nuestra aportación en este ámbito está siendo muy valorada.
Recientemente también se ha hablado del papel de los registros en el control de los alquileres turísticos.
Efectivamente. La exigencia de acreditar licencia para anunciar alojamientos turísticos ha tenido un impacto muy positivo. Los registros se han convertido en un centro de referencia en esta materia, contribuyendo a evitar fraudes y a proteger al consumidor. Es un ejemplo claro de cómo el registro se adapta a nuevas realidades y aporta soluciones eficaces.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a ciudadanos y colegiados al inicio de este mandato?
Que este relevo supone continuidad y compromiso. Vamos a desplegar al máximo los proyectos en marcha, reforzar la administración electrónica, mejorar la comunicación y la transparencia, y apostar por la formación permanente de colegiados y personal. La seguridad jurídica que aportamos es un valor en alza, y nuestro objetivo es seguir reforzándola al servicio de todos los ciudadanos.
Si dentro de cuatro años echara la vista atrás, ¿qué le gustaría ver?
Me gustaría ver un registro más robusto, más accesible y más cercano a los ciudadanos. Un Colegio de Registradores cohesionado, unido y plenamente integrado en la administración digital europea. Me gustaría que hayamos mejorado el servicio público sin dejar a nadie atrás y que los colegiados se sientan parte activa de este proyecto común. Si los ciudadanos nos visualizan como la pieza esencial para la seguridad jurídica en España que somos, habremos hecho un buen trabajo.
