Visité Venezuela a mediados de los ochenta y era al revés que ahora: el país de las arepas lo era también de las oportunidades y muchos paisanos de Castilla y León buscaban su buena estrella en Caracas, La Guaira o Isla Margarita. El brillo del Tamanaco, repleto de hombres de negocios, expresaba el país de las oportunidades al son de sus hidrocarburos, su oro, sus infinitos recursos y esa peculiar forma de entender la vida. Por eso antes de ponerse a pontificar contra Trump por su asalto a Miraflores, le recetaría a tanto opinador vacuo unas cuantas conversaciones con los que ahora viven en el envés de aquella hoja: venezolanos expropiados, vaciados por dentro y por fuera que se han...
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