Se dice pronto, pero la hazaña de la ratona número 154 (o quizá fue la 186, los informes citan cuatro candidatos) pasará a los libros de historia de la biología espacial. Y no es para menos. Cuatro pequeños roedores lanzados al vacío espacial, a 400 kilómetros de altura, sometidos a la microgravedad y la radiación, regresan a la Tierra y, apenas un mes después, la vida se abre paso. El pasado 10 de diciembre, una de las hembras de la misión Shenzhou-21 se quedó embarazada tras su regreso y dio a luz a nueve crías. Seis de ellas han sobrevivido, están sanas y crecen con normalidad. Puede parecer una anécdota, pero Wang Hongmei, investigadora de la Academia China de Ciencias,...
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