España bebe más que Europa: esta es la diferencia en el consumo de alcohol, según la OCDE
La cifra es contundente y dibuja un panorama preocupante: casi dos millones de españoles mantienen un consumo problemático de alcohol. Este no es un dato aislado, sino la punta del iceberg de una realidad socialmente extendida. De manera especial, los expertos alertan de una tendencia creciente de estos patrones de riesgo entre la población femenina, lo que añade una nueva capa de complejidad a un problema de salud pública de primera envergadura.
De hecho, la ingesta de alcohol está profundamente arraigada en la rutina de una parte considerable de la sociedad. Los datos más recientes revelan que un 10,5 % de los ciudadanos tiene un hábito de consumo diario, un porcentaje que ha crecido de forma notable desde 2020. Esta normalización se refleja en que el 92,9 % de la población de entre 15 y 64 años ha probado las bebidas alcohólicas en alguna ocasión, evidenciando su total integración social.
Asimismo, cuando la lupa se pone sobre las cifras totales, el panorama general se enturbia todavía más. Cada español consumió una media de 11,1 litros de alcohol puro en 2023, un registro que no solo sigue una tendencia al alza desde 2010, sino que nos coloca un 10 % por encima de la media europea. Este elevado consumo sitúa a España como la quinta nación del bloque comunitario con la tasa más alta, un dato que confirma la magnitud del desafío.
Entre las alarmas, un resquicio de luz y la receta de los expertos
Por otro lado, y en una aparente paradoja frente a la escalada en el consumo, los registros oficiales muestran un ligero descenso en la mortalidad directamente atribuible al alcohol. En 2021 se contabilizaron 13.887 fallecimientos por esta causa, una cifra que, aunque elevada, supone una pequeña tregua en un contexto adverso.
No obstante, la nota más esperanzadora llega de la mano de las generaciones más jóvenes. El consumo entre los adolescentes ha experimentado una disminución en los últimos años, un hecho que contrasta con el aumento generalizado en otros tramos de edad y que podría anticipar un cambio de tendencia futuro.
Ante este panorama, organismos internacionales como la OCDE y numerosos especialistas en salud pública insisten en la urgencia de actuar. La receta es clara y apunta a la necesidad de implementar políticas públicas más estrictas. Las recomendaciones se centran en dos ejes principales: una mayor limitación de la publicidad de bebidas alcohólicas y un incremento de su precio a través de impuestos para desincentivar un consumo que sigue siendo excesivamente alto en nuestro país.
