Arrancamos motores junto a la costa quebrada de la playa de Portio, en Cantabria. El rumor constante del mar Cantábrico, con sus azules grisáceos y reflejos metálicos, acompaña los primeros metros de esta ruta que mira al norte sin complejos. Frente a nosotros, una sucesión de acantilados, praderas y montañas dibuja una de las carreteras más sugerentes del país. El Dacia Bigster Journey Hybrid 115 kW (155 CV) 4x2 tiene por delante un recorrido lleno de curvas, desniveles en pleno invierno. La paleta de colores que nos acompaña durante todo el recorrido parece diseñada por un pintor paisajista. La más completa paleta de verdes contrastan con los negros y grises de las montañas, mientras que, al fondo, los Picos de Europa dejan ver el blanco de la nieve en sus cimas. Sobre nosotros, un cielo de azul limpio que, a ratos, se cubre de nubes viajeras. El Bigster avanza con naturalidad , integrado en el entorno, demostrando desde el inicio su enfoque viajero. Desde Portio tomamos carreteras comarcales en dirección a Liencres, un tramo ideal para comprobar el equilibrio del chasis. A pesar de sus 4,57 metros de longitud, el Bigster se siente manejable. La suspensión delantera McPherson con barra estabilizadora y la trasera de eje de torsión con muelle helicoidal y ruedas semi-independientes priorizan el confort, pero mantienen el control de la carrocería incluso en curvas cerradas. No hay balanceos excesivos ni sacudidas incómodas, algo que se agradece especialmente en viajes largos. En Suances, el paisaje se abre en una amplia bahía. Aquí el mar adquiere un azul más luminoso y la carretera invita a una conducción fluida. El sistema híbrido del Bigster muestra su mejor cara: la entrega de potencia es progresiva y silenciosa . La combinación del motor de gasolina 1.8 litros de 107 CV con los dos motores eléctricos de 49 y 20 CV suma un total de 155 CV que resultan más que suficientes para moverse con agilidad, incluso cuando el trazado se vuelve exigente. La llegada a Santillana del Mar supone un cambio de ritmo. El empedrado y las calles estrechas obligan a una conducción precisa y suave. Aquí se aprecia la facilidad de manejo del Bigster y la ventaja de su hibridación, que permite maniobrar con suavidad y bajo consumo . Dejamos atrás la villa medieval rumbo a Cóbreces y Comillas, donde el modernismo de El Capricho de Gaudí y los acantilados que caen al mar merecen una parada. El maletero de 546 litros demuestra su utilidad: espacio de sobra para equipaje, mochilas o incluso compras improvisadas de productos locales. En San Vicente de la Barquera, el paisaje alcanza uno de sus momentos más icónicos. El puente medieval se recorta frente a los Picos de Europa, donde los tonos oscuros de la roca se mezclan con el blanco persistente de la nieve. En los breves tramos de autovía, el Bigster se muestra sorprendentemente cómodo y estable , alcanzando velocidades propias de un vehículo de categoría superior. La sensación de aplomo refuerza su carácter de SUV pensado para viajar. Cruzamos hacia Asturias por Unquera y continuamos hasta Llanes, donde la arquitectura indiana y el ambiente marinero marcan el carácter del lugar. Desde aquí, los desvíos hacia la playa de Torimbia, Celorio o la playa de Borizo ofrecen algunas de las mejores vistas del Cantábrico. Son carreteras estrechas y reviradas , ideales para comprobar la capacidad de tracción y la respuesta del conjunto mecánico. El Bigster sale limpio de cada curva, con una potencia siempre disponible y una suspensión que filtra bien las irregularidades. Más allá del comportamiento dinámico, el consumo contenido es uno de los grandes argumentos del modelo. La batería de iones de litio de 1,4 kWh permite reducir el gasto en tramos urbanos y de baja velocidad, otorgándole la etiqueta ECO de la DGT, una ventaja clara tanto para el uso diario como para viajar con libertad. Abandonamos la costa para adentrarnos hacia el interior, pasando por Posada hasta llegar a Piedra de Llanes, una pequeña aldea construida en las faldas de las estribaciones de los Picos de Europa. El entorno cambia: praderas abiertas, casas de piedra y un silencio que contrasta con el sonido del mar que dejamos atrás. Aquí culmina una ruta que demuestra la versatilidad del Bigster , capaz de desenvolverse con la misma soltura en la costa que en el interior montañoso. El único pero, por poner alguno, es la insonorización del habitáculo, especialmente cuando se conduce de forma alegre. El viaje no estaría completo sin mencionar otro de los grandes atractivos de la zona: la gastronomía. Desde el cocido montañés en Cantabria hasta la fabada asturiana, pasando por las carnes de vacas de raza autóctona y dulces tradicionales como el arroz con leche o las corbatas de Unquera, cada parada suma sabor a la experiencia. Esta travesía entre Portio y Piedra de Llanes confirma que el Dacia Bigster Journey Hybrid es mucho más que un SUV familiar. Por tamaño, habitabilidad, maletero y un equilibrio dinámico notable , se presenta como la respuesta perfecta para viajar en familia y descubrir el norte peninsular con confort, eficiencia y una agradable sensación de solidez. Un coche pensado para disfrutar del camino tanto como del destino.