Cae la tarde en Madrid y el bar del tanatorio luce como lo hacen los oasis en pleno desierto . Afuera todo es frío y confusión. Acaba la Navidad y la gente está endeudada hasta las trancas. Todos, excepto algunos gobernantes, claro. Bebimos. Y en el bar del tanata, beber no es un gesto trivial sino un acto administrativo. En la calle seguía cayendo una lluvia indecisa, de esa que no sabe si mojar o molestar a secas. —La neutralidad —repitió Andrés, dándole vueltas al vaso— es una palabra que en política se usa como se usa el perejil : para decorar algo que ya viene pasado. —O para esconder el sabor —añadí—. Como cuando te dicen que un discurso...
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