Cuando uno piensa en un gran robo, es casi inevitable caer en los clichés de película: láseres, seguridad de alta tecnología y ladrones perfectamente coordinados. Pero el más reciente en el Louvre nos dejó claro que, en la vida real, los planes de los delincuentes no siempre son tan elegantes ni tan sofisticados. En lugar de un guion de thriller, nos encontramos con algo mucho más mundano y, por qué no, algo más cercano a la comedia involuntaria. «Fue muy gracioso porque todos pensamos en aquel momento en un asalto a lo grande, con cables y rayos. Pero no, simplemente cogen una escalera y entran. Siempre he dicho: ponte un chaleco de alta visibilidad; nadie sospechará de ti si llevas...
Ver Más