Enero 2026: resistencia ambiental mundial
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
El 2026 ha comenzado con dos sucesos ejecutados por la administración Trump sin precedentes en el ámbito de la política internacional, teniendo una repercusión negativa para el derecho internacional ambiental de nuestra región latinoamericana y caribeña.
Primero, el día 3 de enero, el bombardeo de Venezuela y la extracción de su presidente, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos, hecho de carácter político que sólo cuatro organizaciones dominicanas hasta la fecha han fijado su posición al respecto (APD, OD, PLD y FP). En un análisis posterior, exclusivo de otro artículo, trataremos sobre el petróleo y la crisis del dólar como moneda de cambio, cuya hegemonía viene perdiendo terreno en el ámbito internacional en los últimos años.
Lo segundo, el 7 de enero, fue el anuncio mediante un memorándum de la administración Trump, comunicando su intención de retirar a Estados Unidos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, convenio de 34 años de vigencia y cuenta con la participación de todas las demás naciones del mundo.
La decisión de abandonar la convención climática global, junto con otras 65 organizaciones internacionales, declarando que estos organismos "ya no sirven a los intereses estadounidenses", constituye el inicio del “aislamiento" de los EE. UU. de la comunidad ambiental y climática internacional, lo que supone un duro golpe a los esfuerzos colectivos contra el calentamiento global y el cambio climático antropogénico.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró en un comunicado: “Como esta lista comienza a demostrar, lo que comenzó como un marco pragmático de organizaciones internacionales para la paz y la cooperación se ha transformado en una extensa arquitectura de gobernanza global, a menudo dominada por una ideología progresista y desvinculada de los intereses nacionales". La lista abarca una amplia gama de organizaciones y grupos, incluyendo 31 entidades de la ONU, como ONU-Agua, ONU-Océanos, el Fondo de Población de la ONU y la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres.
El presidente Trump también decidió retirar a EE. UU. del IPBES de Biodiversidad y Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), grupo ganador del Premio Nobel que publica informes sobre el calentamiento global. Si bien es probable que el presidente no pueda prohibir la participación de científicos estadounidenses en los informes del IPCC, cuya membresía es a título personal y voluntaria, la medida podría tener consecuencias para los científicos federales.
Además, retiró el Fondo Verde del Clima, principal mecanismo financiero de la Convención para apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo dirigidos a responder al desafío del cambio climático, EE. UU. ha contribuido sólo con el 15 % de su capitalización.
La administración Trump lleva mucho tiempo denunciando a las organizaciones internacionales y ya se ha retirado de algunas, como la Organización Mundial de la Salud.
Dado que el Senado ratificó la CMNUCC en 1992, existe una incertidumbre legal sobre si el presidente Trump puede retirar unilateralmente a EE. UU. Sin embargo, si el Congreso interviene, la mayoría republicana presumiblemente respaldaría la medida. De tener éxito, esta medida dejaría a EE. UU. fuera de las negociaciones internacionales sobre el cambio climático y podría aumentar las tensiones con sus aliados, para quienes la acción climática es una prioridad. Además, es un paso más del presidente Trump en el avance hacia un mundo sin más reglas que las del más fuerte, haciendo y deshaciendo sin atender al derecho internacional, la Carta de Naciones Unidas o los organismos multilaterales.
La decisión no sólo refleja el rechazo de Estados Unidos a la diplomacia global, sino que también es una señal de desaprobación para los miles de millones de personas, incluidos los estadounidenses, que sufren la intensificación de los incendios forestales, las tormentas y las sequías, las amenazas al suministro de alimentos y a la biodiversidad, y otros efectos peligrosos y costosos del calentamiento global.
La salida del tratado climático y de una serie de otras agencias internacionales supone un nuevo retroceso de Estados Unidos en materia de cooperación internacional.
El exsecretario de Estado y enviado de EE. UU. para el clima, John Kerry, criticó la medida, calificándola de esperada, pero perjudicial para los intereses estadounidenses a nivel mundial, calificándola de “un regalo a China y una carta de salida para países y contaminadores que quieren eludir su responsabilidad".
De tener éxito, la retirada impediría a EE. UU. participar oficialmente en las siguientes cumbres climáticas anuales y podría poner en tela de juicio el compromiso del país con otros acuerdos de larga data de los que es parte. También podría impulsar a otras naciones a reevaluar sus compromisos con la CMNUCC y las negociaciones climáticas de la ONU, poniendo en riesgo no sólo el progreso climático de EE. UU., sino también el de otros.
En contraposición, en el año 2025, la producción de energía renovable superó a la del carbón por primera vez, y la energía solar sustituyó a los combustibles fósiles en la producción de electricidad en la Unión Europea. La ratificación del Tratado de Alta Mar representa un logro político para proteger los ecosistemas oceánicos, y el fallo de la Corte Internacional de Justicia que obliga a los países a reducir las emisiones proporcionó un mandato claro para la mitigación. A pesar de las frustraciones con el proceso de la COP, el mundo sigue manifestándose, avanzando en la adaptación y la financiación de la acción climática.
A partir de enero, presidente Trump, sólo será cuestión de tiempo y de la resistencia del movimiento ambiental estadounidense y mundial… Estamos listos para enfrentar los desafíos.
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