El arte del pódcast
«Vine aquí por primera vez en 2012. Hay una larga historia de cariño entre Italia y Cuba, y la información que nos llega sobre este país no siempre es cierta. Las noticias sobre Cuba son muy polarizadas entre quienes la apoyan a toda costa y quienes la quieren derrotar a toda costa», afirma la reconocida podcáster y cooperante italiana Carla Vitantonio.
Y añade que cuando vino, decidió si se presentaba la posibilidad, buscar trabajo aquí. «Este apareció en 2018, en que estaba en Myanmar como directora de país de un programa enorme, por una ONG internacional que se llamaba Hándicap Internacional, que ahora se llama Humanity Inclusion y está también en Cuba. Cuando conocí del puesto y la convocatoria, me dije: ahora o nunca. Lo hice.
«Después vino la pandemia de la COVID-19 y encontré muchas cosas aquí, especialmente personales. Es verdad que el país ha cambiado y no es el que yo conocí cuando llegué en 2012, pero también me gusta mucho y mi esposo es cubano, y de momento no queremos abandonarlo», señala.
A Vitantonio solo basta verla para darte cuenta de que es una ferviente defensora de todas las causas justas y de que porta una historia de vida que merece ser contada. Con una amplia carrera encauzada a temas humanitarios y de desarrollo, motivo por el cual ha sido reconocida, comenta que todo empezó por la educación que recibió de su familia.
Con ella conversamos recientemente al impartir un taller de pódcast en nuestro país junto al proyecto La Errata como parte de la 27ma. Semana de la Cultura Italiana en la Mayor de las Antillas. «Provengo de una casa donde mis padres siempre lucharon por la justicia social, y mi papá especialmente, que me enseñó que hay que ser recto y utilizar el privilegio que uno tiene para darles espacio incluso a quienes no tengan lo que teníamos nosotros.
«Lo cual es bastante raro porque en el panorama del país de donde yo vengo, que es Italia, nosotros no éramos una familia, digamos, privilegiada, pero con respecto al mundo sí lo somos. Eso salió de la educación que me dieron, y después mi escuela de activismo fue en mi juventud.
«Todos los movimientos de activismo social en Italia para el derecho a la salud, la vivienda y para la equidad entre mujeres y hombres, pero también para derechos específicos para mujeres, como a la salud sexual y reproductiva. Ahora, ¿por qué lo hago? Porque creo que no puede existir un mundo mejor si todo el mundo no está mejor. Lo hago porque no puedo ser feliz si el mundo alrededor mío es infeliz. Esa es una forma de solidaridad enraizada en mí», señala.
Sus clases de pódcast se pudieron disfrutar en el estudio-taller del artista Carlos T. Cairo, pues se trata de una nueva forma de comunicación, muy popular en los tiempos que corren. Pero durante los tres días en que sesionó el taller, ella enseñó a los participantes mucho más que a hacer un pódcast con pocos recursos.
Mediante juegos y ejercicios fomentó el desarrollo de capacidades como la concentración, la escucha activa, la colaboración, la relajación, la inclusión, la comunicación verbal y extraverbal, y la proyección de la voz; porque en la realización de un pódcast, como en la vida misma, las personas tienen que lidiar con muchos inconvenientes y aprender a trabajar en equipo, amén de las diferentes características de cada cual, y aun así no pueden perder su foco.
Por todos, alzar la voz
La formación de Vitantonio es bastante diversa. Estudió actuación y trabajó como actriz en radio y teatro. Siempre pensó que su vida entera se dedicaría a ello; pero cuando llegó la crisis de 2009 a Europa, se vio obligada a transformarse. De este modo, entre los años 2004 y 2005, empezó a acercarse a ese nuevo formato que era el pódcast. El primero que hizo —de cuentos— fue en 2006 y se llamaba Los cuentos de Lucilla, que era su seudónimo en la radio.
Además, estudió una segunda maestría en Diplomacia y relaciones internacionales. Así, empezó a trabajar en la cooperación internacional, labor que realizó por mucho tiempo en países muy diferentes, como la República Popular Democrática de Corea, Myanmar, Vietnam y, durante muchos años, en Cuba. No obstante, nunca abandonó completamente el tema de contar historias y de apoyar a jóvenes que quieran conocer algunas herramientas de storytelling, teatro o pódcasts para desarrollar sus narrativas.
Mientras laboraba como cooperante, escribió tres libros y produjo algunos pódcasts que, sorprendentemente para ella, y en especial en el período de la COVID-19, se volvieron bastante conocidos en Italia y en otras partes del mundo. Desde hace tres años tiene uno en el que se fusionan dos de sus pasiones: una es la que siente por este medio de comunicación y la otra es la que les profesa a los asuntos de justicia social, antirracismo, equidad, diversidad, inclusión y decolonialidad.
Este se llama Living decoloniality, en el cual recoge historias de todo el mundo de activistas o personas que trabajan en el mundo de la cooperación, el activismo y el desarrollo social que hayan encontrado formas de colonialidad y buscado alternativas para superarlas. Y, ya en su cuarta temporada, por primera vez sale en español.
El poder está en nuestras manos
Carla siente predilección por el pódcast porque considera que es algo que cualquier persona, con disposición y un mensaje claro que quiera transmitir, puede hacer. Reconoce que hay una tendencia a hiperprofesionalizar este formato, especialmente en el exterior, pero también en Cuba; y que se piensa que es imposible llevarlo a cabo si no se cuenta con un estudio de grabación, unos buenos audífonos o un mixer, y eso no es así.
Para ella el pódcast nace como una herramienta sumamente democrática, en el sentido de que es para todos. Solo basta tener disciplina y la idea. La disciplina es lo que te permite aprender el manejo de algunas herramientas —muchas de las cuales son de libre acceso— y ser meticuloso para transformar una idea en un producto. Y sin la idea, claro está, no se puede crear. «Eso me gusta del pódcast, que todo el poder está en nuestras manos», añade.
Como amante de la palabra, ve en este medio un contenedor, en el cual caben y se pueden contar disímiles historias en los más variados estilos. Esa posibilidad le fascina, por lo cual confiesa que no se cansa de escuchar pódcasts y de apoyar a personas que cada día inventan nuevos productos en este formato.
Sobre el reciente taller que realizó en La Habana, declara: «Yo siempre he dado talleres de pódcasts en Italia y otros países del mundo. Sin
embargo, nunca lo había hecho en la Mayor de las Antillas, y eso me ha emocionado por varias razones. Lo primero es que se trata del primer taller que daba en español.
«Después, porque en Cuba yo siempre he tenido un perfil diferente. Durante el tiempo en que he sido cooperante, hasta julio del año pasado, he tratado de ser solo eso, y como cooperante no me gusta la visibilidad, porque creo que los cooperantes debemos hacer nuestro trabajo sin mucho ego.
«Esa es una razón por la cual estaba muy emocionada. Para mí ha sido un acercamiento a una Cuba que no conocía, a personas que no son de mi entorno laboral y que son generosas, capaces, fantasiosas, creativas. La verdad, he aprendido mucho, pero más que todo me he recargado las pilas, porque mi trabajo a veces es agotador.
«Entonces, ese taller para mí ha sido como una primavera. Me he alimentado de la energía de los participantes. Y también me ha demostrado que merece la pena invertir en el pódcast, e invertir en el pódcast también en Cuba».
