Las
churrerías siguen siendo piezas clave del tejido económico y social español, incluso en un contexto de consumo cambiante. No solo venden un
producto popular, también crean hábitos, vínculos y pertenencia. Estos negocios tradicionales funcionan como lugares de encuentro cotidiano, especialmente los fines de semana, manteniendo viva una costumbre que
conecta generaciones y barrios enteros.
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