La tensión en el
Sánchez Pizjuán sigue peligrosamente en aumento y en los últimos instantes y al acabar el partido ante el
Celta de este lunes se vivieron episodios desagradables. El descontento es generalizado al acabar el equipo de
Matías Almeyda la primera vuelta a tres puntos del descenso y después de muchos meses de incertidumbre sobre el futuro de la entidad, inmerso en un proceso de subasta para la venta a un inversor externo que lo saque de la ruina en la que ha entrado.
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