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Pulso feminista a Sánchez: firmas con nombre y lista abierta a hombres

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cada vez está más presionado por los suyos. El PSOE lleva semanas emitiendo señales de una incipiente rebelión interna tras una década de férreo control por parte del secretario general casi agrupación por agrupación. Pero cada vez hay más socialistas que miran su carné y no lo reconocen. Y algunos comienzan a organizarse con la intención de hacer el ruido suficiente como para aguar la fiesta al líder, aunque sepan que su dominio es aplastante.

Por eso, el feminismo del partido está decidido a echar un pulso a la dirección. Es decir, a Sánchez. Más de 600 mujeres han puesto su nombre, apellidos y DNI en un duro manifiesto –publicado hace casi una semana y del que informó este diario– en el que advierten de que la relación de confianza entre el movimiento feminista y su partido se ha fracturado. «Y la semana que viene habrá muchas más firmas», explican fuentes al tanto de esta rebelión. La ola está cogiendo altura poco a poco.

Y en Moncloa empieza a verse con inquietud, porque el presidente sabe que el feminismo es una línea roja contra el que no puede imponerse y que le marca el paso. Fue lo que le ocurrió tras la eclosión del «caso Salazar», el germen de este grito que amenaza con dejar sordo al presidente.

Pese a las dudas sobre la credibilidad de las víctimas, la exmano derecha de Sánchez en Moncloa terminó siendo fulminado. «Hay gente apoyando de todos los territorios y de todos los niveles; cargos públicos, orgánicos y de base», explica esta misma fuente. Es más, las feministas barajan abrir el manifiesto a los hombres, porque «han llamado muchos» preguntando cómo dejar su nombre. La dirección socialista, mientras, intenta rebajar la tensión. El próximo miércoles, la secretaria de Igualdad, Pilar Bernabé, las recibirá en Ferraz.

Para entonces, las impulsoras del manifiesto darán a conocer la lista de apoyos, aunque avisan de que no irán con el cuchillo entre los dientes, que van «de buen rollo» y con ánimo «constructivo». «No entramos en ninguna batalla interna. Queremos debate, ideas y autocrítica. Queremos recuperar la confianza de las votantes. Y estamos alarmadas por el aumento en la intención de voto a la extrema derecha, que es contraria a nuestro avance», cuenta una de las socialistas tras el manifiesto. Pero a nadie se le escapa que este envite bebe del mismo descontento que ha fraguado el manifiesto del exministro Jordi Sevilla, que también denuncia una deriva del partido que lo está alejando del polo socialdemócrata al que siempre estuvo imantado. Pero, como explican las feministas socialistas, su manifiesto, a diferencia del difundido por Jordi Sevilla, sí cuenta con nombres y apellidos que suponen un serio rejonazo a Sánchez.

Lo cierto es que la corriente «Socialdemocracia 21» impulsada por el exministro solo ha concitado, al menos públicamente, el apoyo de algunos ex altos cargos, como el exlíder del PSOE madrileño Juan Lobato. No obstante, quienes orbitan alrededor de la burbuja crítica con la dirección advierten de que por las casas del pueblo de España se está extendiendo el malestar con Sánchez a medida que las bases empiezan a ver amenazadas sus opciones electorales.

Todas las fuentes consultadas en el partido coinciden en hacer la siguiente reflexión: puede que Sánchez cuente con el favor de la militancia, pero hará bien en recordar que si el partido no gana elecciones, habrá una rebelión. Todos los partidos son maquinarias pensadas para ganar la confianza de los votantes. Y precisamente esa es la mayor preocupación de las feministas del partido, que manejan datos internos sobre el abandono de las mujeres a las siglas de su organización tras la «lamentable» reacción de la dirección del partido a los casos de presunto acoso sexual que se han destapado en las últimas semanas y que, como un tsunami, han inundado el buzón interno en Ferraz.

Por mucho que tras algunas denuncias haya «ajustes de cuentas»; según admiten las propias mujeres del partido, lo cierto es que la crisis ha matado la credibilidad de Sánchez ante buena parte del electorado.

De hecho, el manifiesto al que tantas personas se están adhiriendo, incorpora, además, una crítica explícita por la gestión de las denuncias de abusos y comportamientos sexistas que han afectado a responsables socialistas. «Ante esta realidad, indignarse no es suficiente, es preciso hacer autocrítica», sostienen las firmantes, que reclaman que estos casos se depuren conforme a las normas internas y la legalidad vigente. Todo un dardo a la negativa del partido a denunciar ante la fiscalía a Paco Salazar pese a las denuncias contra él.

La advertencia política que lanzan está clara: si las mujeres «dejaran de confiar en el PSOE», el partido perdería «el voto diferencial que le ha hecho ganar elecciones». Por eso, las feministas exigen a Sánchez que convoque una conferencia de Igualdad para reconectar al partido con el movimiento. Pero la respuesta de Sánchez, por el momento, no puede provocar más desazón. El líder, a través de su ejecutiva, ya ha dejado claro que el único foro para canalizar la discrepancia interna y el debate será la conferencia sobre la paz que el partido organizará este semestre. Ferraz, al cierre de esta información, no contempla cumplir con la petición de las feministas. Sánchez insiste siempre que puede en que cuenta con el apoyo de la militancia. De ahí que invite a cualquier eventual aspirante a disputarle el liderazgo a que se gane primero el respaldo interno del partido.

El planteamiento del presidente es claro: las preocupaciones de los cuadros intermedios no coinciden necesariamente con las de la base afiliada. Sin embargo, este razonamiento encierra un matiz relevante. Sánchez parte de la idea de que los militantes representan la expresión más ideológica del socialismo en la sociedad, pero dirigentes con peso orgánico advierten de que ese colectivo no refleja, ni de lejos, el perfil del votante socialista sin carné.

Una de las quejas más extendidas dentro del PSOE es que, desde la llegada de Sánchez a la secretaría general, una parte creciente de la ciudadanía percibe al partido situado más a la izquierda de donde se reconocen la mayoría de los españoles. Y eso, consideran, será un problema.




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