Recuerden... Gengis, NAP, Adolf
En varios foros de debate, que uno frecuenta a pesar de sus años, se dice últimamente, con más frecuencia de lo habitual, queestamos ante una nueva era mundial de la política y la economía. Y aunque la verdad es que siempre nos hallamos en una cierta transición, se quiera o no, lo cierto es que la actual irrupción de grandes sucesos inesperados, durante todo el primer año del segundo mandato del presidente Trump, está transformando los fundamentos de la mecánica internacional de la manera más sorprendente.
El último gran movimiento político en ese sentido, una vez que se ha resuelto Venezuela –según el mismo presidente protagonista presume–, hace que hayamos pasado a otro menester, de gran dificultad: el de ese enorme espacio planetario casi vacío, la mayor isla del planeta. Se trata de Groenlandia, cuatro veces y algo más que la superficie de España; que personalmente visité en 1974, cuando era un territorio prácticamente ignorado.
¿Por qué en estos precisos momentos Trump tiene tanta prisa al querer resolver un tema de esa envergadura, nada más comenzar su segundo mandato? Para muchos, el motor principal del episodio estriba en avanzar lo más rápidamente posible en la carrera global China/EE UU.
No se trata de algo tan simple como que EE UU necesite con premura el petróleo de Venezuela para su propio desarrollo, pues ya EE UU es el primer productor mundial de hidrocarburos. En la gran carrera, hay otro objetivo muy importante, la anexión de Canadá como Estado número 51 de la Unión, que de ese modo se convertiría en un país más extenso que la Federación Rusa, el primero del mundo: «America First».
Claro es que el logro de todo eso no está tan claro. No sabemos si Trump va a conseguirlo contra viento y marea, en un mundo asombrado, expectante al asombrarse, ante tanto, por el atropello territorial referido. Incluida, tal vez, en el futuro, vayan tomando nota, la Antártida (14 millones de km2), donde el argentino Javier Milei va asumiendo posiciones muy pro Trump.
Agregaríamos que la situación es grave, pero que podría serlo todavía peor, si caemos en la trampa de Tucídides. Ya se sabe, me refiero a la hipótesis de trabajo del profesor Graham T. Allison, de la Universidad de Harvard, que convirtió un símil histórico –las Guerras del Peloponeso historiadas por el gran Tucídides– en una referencia moderna de la ruptura de la Asamblea Anfictiónica de las Ciudades Griegas (431-404 a.C.), unidas contra los invasores persas en una lucha entre las propias Esparta y Atenas, ante la posición entre Washington DC y Pekín por ver qué gran país prevalece tras recrecerse China, que podría pasar a ser la potencia hegemónica en todo el mundo actual.
Claro que para todo eso y mucho más resulta necesario que el resto del concierto mundial de naciones acepte los nuevos modos de Trump, desde su ejército invencible en Venezuela, a los derivados de su «diktat» frente a otros países en situaciones difíciles. Pero con permiso para que Trump pueda seguir haciendo lo que quiera de este ya bien modesto planeta en que vivimos. Sin necesidad de más preguntas ni consultas al resto de la comunidad humana (la ONU ya no existe virtualmente), minimizada como sucede con las actitudes de los peores déspotas de la Historia pasada que citamos de fin de este artículo.
Después de haber presenciado la hegemonía del primer siglo americano (1898/2001), la mayoría de los observadores de los medios políticos internacionales sentencian negativamente las pretensiones omnipotentes del imparable presidente en su segundo mandato. Y la verdad es que en la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), se inquietan casi la totalidad de sus socios (excepto Estados Unidos con el seguidismo de Reino Unido).
Estamos pues ante un ten con ten que parece único en la Historia. Pero no cabe olvidar fácilmente los tiempos de cuando desde el poder de Washington DC se obligó a la España de Fernando VII a vender Florida a EE UU en 1819. Debiendo recordarse, igualmente, otras compraventas tan gloriosas para los gringos: Luisiana (1803), medio México en 1848, Alaska (1867), e incluso las Islas Vírgenes… de Dinamarca en 1916.
Dejamos aquí el tema, con la seguridad de que habremos de volver en momentos muy difíciles. No olviden la Historia, aunque la mención última de grandes déspotas del pasado la haremos con nombres de pila, que decíamos antes, para no entenebrecer aún más el panorama: Gengis, NAP, Adolf…
