Juan Miguel de Pablo Urban, psicoterapeuta familiar: «Pretender dar la imagen de ser padres perfectos es una trampa peligrosa; hay que normalizar el error»
La perfección no existe, para aquellos que aún crean que su vida se rige por ella. A partir de esta afirmación, lo cierto es que cada vez más en las redes sociales hay familias que ‘venden’ una falsa imagen que puede llegar a contagiar y ‘meter en la competición’ a otras familias que quieren conseguir eso que creen estar viendo.
A pesar de que la mayoría de los padres y madres desean lo mejor para sus hijos, sin duda, y todos quieren poder darles las mayores posibilidades, ser los mejores padres posibles… «el proceso de la maternidad y de la paternidad es un proceso construido desde la mirada atenta y la escucha, pleno de intentos, de errores y de aciertos, Y está bien así», según explica el psicoterapeuta familiar por la FEATF Juan Miguel de Pablo Urban.
«La pretensión de dar una imagen idílica, exitosa, tiene que ver con las imposiciones sociales»
La pretensión de una imagen de perfección en las familias, en los padres, en las parejas, en los mismos individuos, es una cuestión habitual en redes. Parece que, por lo general, nadie quiere mostrar los aspectos más complicados, las dificultades y los problemas que cualquier sistema (familia, pareja o individuo) afronta a lo largo de las diferentes etapas de su ciclo vital.
La realidad es bien distinta. «Sabemos en carne propia que no existe la perfección en nuestras vidas. Afortunadamente, en la vida cotidiana, siempre se presentan tensiones y dificultades, porque justamente son éstas las que definen y concretan lo que es la vida; a saber, un proceso largo en el que hemos de superar obstáculos, transitar los cambios necesarios y avanzar en nuestro desarrollo. Es desde el afrontamiento que hagamos ante estas dificultades y tensiones, desde donde se derivará una mejor o peor calidad de la vida emocional y social».
El experto añade: «La pretensión de dar una imagen idílica, feliz, exitosa, tiene que ver con los mandatos e imposiciones sociales. Dentro de los parámetros de una ideología económica ultraliberal, se alienta el consumo voraz, el éxito profesional, la competitividad, las posesiones y el dinero. Ser exitoso se muestra con las señales que concuerdan con el modelo, es decir, a través del uso de ropa de marcas prestigiosas, de la posesión de vehículos de alta gama, y del disfrute de viajes idílicos».
La obsesión por la validación social
Lo que se pretende conseguir mostrando esa presunta perfección «es la mirada, el reconocimiento y la validación social, pero de una forma errónea. Ese reconocimiento no se centra en quiénes somos sino en lo que nos envuelve, en lo que tenemos, en nuestros disfraces. Desaparecen las personas y se ensalza el envoltorio, ya sea en los cuerpos esculpidos de gimnasio, en el outfit utilizado o en las señales que muestran una ostentación del poder».
La pretensión de ser padres perfectos «puede ser una trampa peligrosa y un error habitual porque, aunque nace de las mejores intenciones de los padres, los fuerza a asumir determinados modelos de crianza, obviando, en ocasiones, la necesidad de que ésta sea en esencia atenta y adaptada a las necesidades particulares de cada hijo. La paternidad es un proceso construido desde la mirada atenta y la escucha, pleno de intentos, de errores y de aciertos«, asegura el psicoterapeuta familiar.
Y el experto añade que «la mejor garantía de crianza se sustenta lejos de la presión social, en la flexibilidad de los padres, en ser capaces de asumir los errores que se van a ir cometiendo, que son inevitables, y en desarrollar la atención para aprender y modificar lo que hacemos con los hijos, en función de la experiencia de crianza que los propios hijos nos va a ir enseñando».
«Si nos comparamos con los demás, siempre salimos perdiendo»
Como se puede entender desde lo que ha ido exponiendo Urban, el riesgo de tener un modelo ideal de ‘familia perfecta’ consiste en que «este ideal nos somete a un continuo proceso de comparación, de contraste, en el que siempre salimos perdiendo, resultando una decepción y frustración continuas. Si miramos a nuestra familia y la comparamos, nunca conseguimos estar a la altura del modelo social. Esto nos va a hacer sentir inadecuados, poco eficaces».
En este contexto dibujado por el psicólogo, «la ‘familia perfecta’ sonríe siempre, resuelve los problemas con agilidad y certeza, sus miembros son bellos, simpáticos, inteligentes y exitosos… Nuestra familia lidia con tristezas, conflictos y preocupaciones, se atasca, sufre fricciones, los hijos suspenden asignaturas, no consiguen todos mantener cuerpos normativos, los padres envejecen… En definitiva: la vida misma en toda su esencia, con incertidumbres y los miedos derivados de nuestra vulnerabilidad humana».
Imprescindible para evitar comparaciones: «Normalizar el error»
Lo importante en todos los casos «es acompañar a las familias a acercarse a la idea de que lo importante en la crianza de los hijos no consiste en ser ‘perfectos’, sino en ser ‘suficientemente buenos’. Este último concepto se basa en alentar y normalizar el error. Es importante que asimilemos la certeza de que en muchos casos no vamos a conseguir lo que nos proponemos; sin embargo, si la relación familiar es amorosa, todo puede ser restaurado».
Las señales que nos alertan de las dificultades familiares aparecen en forma de síntomas relacionales, conductuales o emocionales. «El sistema familiar tiene la maravillosa capacidad de avisarnos, de generar síntomas, respuestas, al drama social. El síntoma no es malo per se, porque no supone un déficit o una enfermedad, sino que es la señal que nos avisa que debemos pararnos a escuchar y entender qué es lo que está ocurriendo en la familia o, qué es lo que no está ocurriendo y debiera pasar».
Las herramientas para consumir redes sociales sin compararnos
Las redes sociales son una realidad que tiene sus ventajas e inconvenientes, sus posibilidades y sus riesgos, como todo en la vida. «En estos momentos, las redes son una presencia sólida en las relaciones sociales, por ello pueden facilitar determinados procesos y alentar el crecimiento social y emocional en muchos casos. Sin embargo, como todo instrumento, un uso inadecuado puede originar serios problemas«.
«Las familias deben estar presentes y conocer, en la medida de lo posible (sin que eso suponga una intrusión), la forma en cómo sus miembros usan las redes sociales. En este contexto se hace imprescindible poder generar espacios de confianza y de seguridad para que los hijos puedan acudir, si lo necesitan, al consejo de sus padres. Lo importante en estos casos es que exista la posibilidad y la confianza entre los miembros de la familia de poder contrastar lo que esté ocurriendo», añade el psicoterapeuta.
El clima familiar, la disponibilidad afectiva, «es la que abre las puertas para el mantenimiento de relaciones saludables en las que confluyen, de una parte, la aceptación del otro; y de otra parte, las necesarias normas y límites que ayudan a implementar una frustración óptima en las pretensiones de los hijos, cuando sea precisa».
«Es necesario mantener una mirada crítica sobre las imposiciones sociales»
Desde diferentes investigaciones y estudios, el experto asegura que «sabemos de la importancia de las relaciones sociales en la construcción de la identidad de todos los individuos. Por ello, los medios que posibilitan las relaciones sociales, por ejemplo, las redes, son importantes. Ahora bien, hemos de recordar que la necesidad de la mirada y del reconocimiento del otro, necesaria para la construcción de la personalidad de nuestros hijos, proviene de sus padres y familiares emocionalmente significativos, y, en un segundo lugar, de sus iguales».
Con ello quiere señalar Juan Miguel de Pablo «que los cánones de adecuación, los criterios de normalidad y de excelencia, que cada generación se autoimpone, nos lleva a tener que considerar que no existe una solución mágica que esté solo en manos de la familia. Es todo el contexto social y relacional que nos envuelve el que va a organizar e imponer los criterios de lo que debe o no debe ser, de qué significa ser ‘deseable’ o ser ‘repudiado‘».
Así pues, «solo el tiempo, la mirada crítica, la reflexión oportuna y la constancia de finitud va a conseguir minimizar esa presión social. Por eso debo insistir en la importancia de mantener una mirada crítica y reflexiva sobre las imposiciones y mandatos sociales porque es en la familia donde está la posibilidad de atenuar o intensificar esas presiones que nos llevan a la ‘competición’ y la comparación».
