Добавить новость
ru24.net
World News
Январь
2026
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31

Qué difícil se está volviendo ser de derechas

0

El caso de Venezuela –cuyo último episodio ha sido la humillante 'concesión' del Nobel de la Paz de Machado a Trump– tiene al PP desorientado como un pollo sin cabeza

María Corina Machado entrega la medalla del Nobel a Trump “como reconocimiento a su compromiso con la libertad de Venezuela

No quisiera estar en el pellejo de un militante de la derecha española en estos días. Debe ser muy difícil tener ideas claras como Dios manda, celebrar acontecimientos que pareciera que nos van a confirmar esas ideas y luego comprobar atónitos que todo el andamiaje se viene abajo. Que las cosas que creíamos que iban a ocurrir suceden al contrario de lo que pensábamos y nos quedamos dando vueltas a la intemperie como un pollo descabezado.

El gran causante de la zozobra de nuestra derecha es la persona a la que saludaron como la escoba providencial que iba a barrer a las izquierdas de todo el mundo: Donald Trump. Cómo se refocilaron nuestros derechistas cuando el presidente de EEUU arremetió contra Pedro Sánchez por negarse a comprometer el 5% del PIB del país para aumentar el armamento de la OTAN, y luego se enteraron, aunque fingieran no enterarse, de que la pretensión de Trump es que con ese dinero fresco, que saldrá inevitablemente de recortes en programas sociales, llenemos los bolsillos de la industria armamentística estadounidense. Cómo festejaron el ascenso de ese personaje atrabiliario como el comienzo de una era prometedora para Europa, para descubrir que su objetivo es humillar a los europeos, como se ha visto con la guerra tarifaria, con la imagen degradante de los líderes de la UE esperando como alumnos castigados a ser atendidos por el emperador en la Casa Blanca y, ahora, con el plan de Washington de hacerse con Groenlandia, sin importarle un bledo que pertenezca a Dinamarca.

Pero quizá el caso más complicado que está viviendo la derecha española es el de Venezuela. El PP ha convertido a ese país en el símbolo supremo de su compromiso por la lucha por las libertades. Qué más da que el mundo estplagado de dictaduras y autocracias de todos los pelajes: al PP lo único que parece importarle era la suerte de los venezolanos. Bueno, también la de los cubanos, pero, por alguna razón –¿la influencia del lobby de la oposición venezolana en Madrid?–, el monotema de los populares en política exterior es Venezuela. A veces pareciera que no tienen otro punto en su agenda exterior.

Pues veamos qué ha sucedido en los últimos tres meses. El 10 de octubre se anunció la concesión del Premio Nobel de la Paz a Corina Machado. El PP estalló en júbilo. Bueno, no solo el PP: algunos progresistas biempensantes también lo consideraron una excelsa noticia; ahí está el rastro de la baba en las hemerotecas. Modestamente, en un artículo en este diario califiqué la decisión de “vergüenza”: bajo ningún concepto un premio destinado a quienes aportan esfuerzos por la paz debía otorgarse a una persona que pedía abiertamente a Trump que invadiera su país y que celebraba como una antesala de la caída de Maduro los ataques mortiferos de EEUU a venezolanos en aguas internacionales. Pero a la derecha, y a algunos progresistas como decía, les pareció merecidísimo el premio. Era, argüían, el comienzo del fin de la dictadura bolivariana.

La euforia alcanzó su paroxismo cuando militares de élite de la Delta Force estadounidense entraron en Venezuela y se llevaron por la fuerza a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, a Nueva York, donde se encuentran ahora detenidos. El siguiente paso parecía lógico: la flamante Nobel de la Paz tomaría las riendas de su país, y ella –o Edmundo González, su avatar en las últimas elecciones presidenciales que se robó descaradamente Maduro– llegaría al palacio de Miraflores tras unas elecciones democráticas. Pero no: el emperador tenía otros planes. Sentenció que Machado no estaba capacitada para llevar a cabo una transición política y que carecía de apoyo popular (¿no dizque su candidato había arrasado en las elecciones?). Y para estupefacción de izquierdas y derechas decidió como un Nerón en el circo romano que la transición la pilotase Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro hasta el mismo momento en que los soldados de EEUU lo sacaron de su cama en la madrugada del pasado 3 de enero.

En los días subsiguientes se publicaron sesudos análisis explicando los motivos de Trump. Expertos y tertulianos sugirieron con frialdad de estrategas que era absolutamente lógico lo que había hecho el mandatario norteamericano. Incluso hubo quienes encontraron paralelismos entre la elección de Delcy Rodríguez y la de Adolfo Suárez como figuras transicionales. Pero, seamos sinceros, la decisión de Trump dejó a casi todos con el paso cambiado. Especialmente al PP. ¿Cómo era posible que el presidente de EEUU tirara como un trapo a la heroína Machado y apostara por una revolucionaria zurda de tomo y lomo para sus planes en Venezuela? Peor aun: una persona que mantiene una relación cordial con el odiado expresidente Zapatero y que, según el entorno mediático del PP, trajo un cargamento de oro en una maleta a Pedro Sánchez.

A la derecha y la ultraderecha españolas, que mantienen un vínculo muy estrecho con el machadismo, todo esto las dejaba, como se dice en béisbol, fuera de base. Santiago Abascal, que sigue pensando que Trump es amigo suyo, optó por mantener su apoyo obsecuente al emperador, a diferencia de otra ultra de pro, Marine Le Pen, que criticó duramente al presidente de EEUU por violar la soberanía del país sudamericano. Alberto Núñez Feijóo expresó con la boca pequeña su deseo de que todo este embrollo desemboque en unas elecciones que lleven al poder a Corina Machado, evitando cualquier reproche al mandatario estadounidense.

Pero las sorpresas para nuestros derechistas no terminaron allí. El jueves presenciaron una de las escenas más humillantes de la historia política reciente, cuando su apuesta para liderar Venezuela le ofrendó a Trump la medalla del Nobel de la Paz que le habían concedido en octubre, en agradecimiento por su “compromiso por la libertad” de Venezuela.

Yo no sé si el Premio Nobel volverá a ser el mismo después de haber caído en este foso: no solo otorgó el galardón de la paz a una partidaria de la violencia, sino que esta, en abierto desacato a las reglas de la Fundación Nobel, transfirió a Trump la medalla dorada con la imagen del inventor de la dinamita. Tampoco sé qué hubiera sido de mi estabilidad emocional si yo fuera de derechas a la vista de todo lo que está sucediendo. Por lo que entiendo, el líder del PP lo está llevando como bien puede. Entre otras cosas, desplazando la atención internacional del partido de Venezuela a Irán, que le viene de perlas para criticar a “las feministas” por no movilizarse, sin que quede claro si el mensaje va también dirigido a las feministas de su partido, que, según asegura el propio PP, existen y a quienes no se ha visto protestar en las calles. En estos momentos confusos, Venezuela puede esperar un poco.




Moscow.media
Частные объявления сегодня





Rss.plus
















Музыкальные новости




























Спорт в России и мире

Новости спорта


Новости тенниса