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¿Visión estratégica o coyuntura política? Hampaturi como propuesta de territorializar el desarrollo

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En las últimas semanas, el alcalde paceño, Iván Arias, ha promovido la creación de Zonas Especiales de Desarrollo (ZED) como instrumentos de planificación territorial orientados al impulso económico municipal. Particularmente relevante es su propuesta de establecer un polo de desarrollo en el macrodistrito rural de Hampaturi, con el objetivo de fomentar la integración económica entre La Paz y la Amazonía boliviana. Según declaraciones del propio alcalde, se trata de “mirar hacia el norte y el valle paceño” para consolidar una plataforma productiva estratégica (AMUN, 2025).

Según Becerra Cardona (2021), Hampaturi ha experimentado una creciente articulación con la ciudad, pero esta se ha dado de forma informal y sin una planificación integral que reconozca las dinámicas urbano-rurales existentes. Esto sugiere que, si bien el proyecto de la ZED puede catalizar procesos de formalización y ordenamiento territorial, también corre el riesgo de reproducir lógicas extractivas si no se basa en una lectura fina del territorio y sus actores.

Desde una perspectiva de planificación urbana y territorial, el proyecto ZED Hampaturi se configura como un nodo logístico y agroindustrial con vocación amazónica. Su potencial radica en la articulación de cadenas de valor vinculadas a productos como cacao, castaña y frutas tropicales, aprovechando las condiciones climáticas locales para la refrigeración natural y la eficiencia energética. La asignación de aproximadamente 80 hectáreas para este fin evidencia una voluntad política de territorializar el desarrollo, integrando infraestructura, sostenibilidad ambiental y formación técnica en un espacio coherente.

El enfoque en productos amazónicos como cacao, castaña y plantas medicinales es coherente con las recomendaciones de la CEPAL (2018), que promueve el desarrollo de bioeconomías sostenibles en la región amazónica. No obstante, la implementación de polos agroindustriales debe considerar la capacidad de carga ecológica y los saberes locales. La experiencia de las Zonas Económicas Especiales en Colombia, por ejemplo, ha mostrado que, sin una gobernanza territorial participativa, estos espacios pueden favorecer la concentración de beneficios en actores externos y generar conflictos socioambientales (González, 2016).

Esta visión del burgomaestre encuentra fundamento en el artículo publicado por el autor en 2023, titulado “Mirando al norte paceño: una oportunidad de crecimiento económico para la ciudad de La Paz”, donde se propone priorizar políticas públicas que fortalezcan las cadenas de abastecimiento alimentario como estrategia de resiliencia ante emergencias. Se plantea la creación de nuevos centros poblados estratégicos hacia el norte, dotados de servicios básicos, equipamientos en salud y educación, e infraestructura productiva que fomente economías emergentes. Esta propuesta busca erradicar la pobreza extrema en los distritos rurales de Hampaturi y Zongo, generando una dinámica económico-territorial urbano-rural basada en el intercambio comercial, la diversificación productiva y el valor agregado; así también de fomentar la seguridad y soberanía alimentaria para la ciudad, que como área urbana ocupa el 5% de extensión y concentra al 93% de la población total (PTDI 2021-2025).

Cabe destacar que esta línea de pensamiento no es reciente. En 2009, el autor participó en el Seminario Internacional “El Norte Amazónico de La Paz: Perspectivas para el Desarrollo”, organizado por el Programa La Paz Amazónica de la Universidad Mayor de San Andrés. En dicha ocasión, se presentó el enfoque de “Creación de nuevas ciudades en armonía con la Naturaleza”, enmarcado en el programa de asentamientos humanos y soberanía territorial. Estos asentamientos fueron concebidos como espacios organizados y consensuados entre comunidades y el Estado, donde se desarrollan relaciones sociales, económicas, culturales y ambientales de manera integrada.

El planteamiento se inscribe en el Plan Estratégico Territorial para la creación de nuevos centros geopolíticos, definidos según criterios de ordenamiento territorial y condiciones biofísicas. Se propone un equilibrio entre la satisfacción de necesidades económicas, la estabilidad sociocultural de las comunidades y la conservación de los recursos naturales, respaldado por soporte técnico y financiero adecuado. John Friedmann (1987) formuló la idea de que “la planificación regional es un proceso político que busca redistribuir oportunidades en el espacio”, desarrollando un enfoque de planificación innovativa, que entendía la planificación no solo como técnica, sino como un proceso político orientado a la transformación social y territorial.

Experiencias internacionales como por ejemplo en Colombia, China, Chile, EE.UU. entre otras, demuestran que las ZED no son fórmulas mágicas, pero sí herramientas poderosas si se diseñan con visión territorial, sostenibilidad y equidad. Para ejecutar exitosamente una ZED en Hampaturi, se requeriría de: en primer lugar, un marco normativo específico que regule incentivos fiscales, uso de suelo y gobernanza. Sin embargo, la coordinación intergubernamental con el nivel departamental y nacional es débil, lo que dificulta la ejecución de proyectos integrales a largo plazo.

En segundo lugar, se requiere de infraestructura estratégica: caminos, energía, conectividad digital y logística. La falta de caminos y servicios básicos, así como la topografía accidentada y la dispersión poblacional encarecen los costos de implementación de plataformas logísticas. Tercero, impulsar un plan maestro multiescalar que combine infraestructura, sostenibilidad y formación técnica. La ausencia de un plan de ordenamiento territorial actualizado y consensuado genera conflictos entre actores sociales, comunarios y autoridades.

El argumento de aprovechar las bajas temperaturas de Hampaturi para reducir costos de refrigeración es técnicamente válido, pero requiere ser matizado. Estudios de eficiencia energética en zonas altoandinas (Pérez & Mamani, 2019) advierten que, si bien el clima puede reducir la demanda de energía para refrigeración, también puede incrementar los costos logísticos y de transporte, especialmente si no se cuenta con infraestructura vial adecuada. La ventaja competitiva, por tanto, dependerá de una inversión integral en conectividad y servicios básicos.

En cuarto lugar, buscar cooperación internacional y alianzas público-privadas para financiar infraestructura y formación. La planificación estratégica y la gestión de proyectos complejos como una ZED requieren capacidades técnicas especializadas que aún deben fortalecerse en la administración municipal. Sin embargo, el GAMLP enfrenta restricciones presupuestarias y una alta dependencia de transferencias del nivel central. Quinto, fortalecer la planificación participativa y el ordenamiento territorial, integrando saberes locales y criterios biofísicos. La desconfianza histórica hacia proyectos estatales o extractivos puede generar resistencia si no se garantiza una gobernanza participativa y beneficios tangibles para las comunidades locales.

La inclusión de un componente de capacitación tecnológica es uno de los aspectos más sólidos del proyecto. Según el BID (2017), los ecosistemas de innovación en territorios periféricos requieren no solo infraestructura, sino también capital humano calificado y redes de colaboración. Sin embargo, para que este componente sea efectivo, debe articularse con universidades, institutos técnicos y organizaciones comunitarias, evitando un enfoque exclusivamente top-down.

En este contexto, una ciudad concebida bajo criterios de planificación integral y con un crecimiento urbano articulado a redes viales constituye un elemento decisivo para potenciar y diversificar la actividad agropecuaria, consolidando así una plataforma de desarrollo sostenible y resiliente. La propuesta de la ZED en Hampaturi posee el potencial de transformarse en un modelo alternativo de desarrollo territorial, siempre que se sustente en una planificación participativa, en una comprensión profunda de las dinámicas del territorio y en una articulación efectiva entre actores públicos, privados y comunitarios. No obstante, su éxito dependerá de la capacidad de implementar una visión estratégica con enfoque bottom-up, resolviendo previamente aspectos críticos como la delimitación del radio urbano, la definición de competencias intergubernamentales, la disponibilidad presupuestaria y la generación de valor agregado bajo principios de equidad territorial y sostenibilidad ecológica. A pocos meses de concluir la gestión municipal, queda como otra propuesta de carácter proselitista sin posibilidades reales de ejecución.

 

Sergio Vargas Montero

Arquitecto, especialista en planificación urbana y políticas públicas.

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