Durante décadas,
los límites de velocidad en las carreteras españolas han ido evolucionando en función de las prioridades políticas, económicas y de seguridad vial. Sin embargo, el tope de
120 km/h en autovías y autopistas se acabó consolidando como referencia general, aunque no ha sido inamovible. En momentos puntuales, como durante la crisis energética de 2011, el Gobierno ya optó por reducir la velocidad máxima
hasta los 110 km/h, una medida que muchos conductores todavía recordarán.
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