¿Por qué los trenes no llevan cinturón de seguridad? La respuesta de Renfe
El grave accidente ferroviario ocurrido ayer, domingo 18 de enero, en la localidad cordobesa de Adamuz, ha vuelto a poner el foco en la seguridad del transporte ferroviario. El siniestro, que según las últimas informaciones ha dejado al menos 39 personas fallecidas y más de 70 heridas, ha conmocionado al país y ha reabierto un debate recurrente entre los ciudadanos:
¿por qué los trenes no cuentan con cinturones de seguridad para los pasajeros?
Los expertos coinciden en que la ausencia de cinturones en los trenes no es un descuido ni una carencia normativa, sino una decisión de seguridad basada en criterios técnicos y físicos muy concretos.
Seguridad pasiva: así están diseñados los trenes
A diferencia de los coches, los trenes están concebidos bajo un principio llamado seguridad pasiva y de contención. Se trata de vehículos extremadamente pesados, mucho más que cualquier coche, que no se detienen de forma brusca, sino que desaceleran progresivamente a lo largo de cientos de metros.
Esta forma de frenado evita que los pasajeros salgan despedidos hacia delante, que es precisamente el riesgo principal que el cinturón de seguridad trata de evitar en los coches. En un tren, ese tipo de impacto frontal violento es mucho menos probable.
Por este motivo, el cinturón no solo no es necesario, sino que puede resultar contraproducente.
Por qué el cinturón podría ser peligroso en un tren
Aunque pueda parecer contradictorio, varios estudios y organismos ferroviarios coinciden en que el uso de cinturones en trenes podría aumentar el riesgo de lesiones graves.
En caso de frenada o impacto, un cinturón sujetaría con fuerza la cadera del pasajero, pero la cabeza y el tronco superior seguirían avanzando por inercia, lo que podría provocar lesiones cervicales severas o incluso mortales.
En lugar de eso, los trenes utilizan un sistema diferente. El respaldo del asiento delantero, diseñado para absorber el impacto y frenar el cuerpo de forma progresiva. En la práctica, funciona como una especie de airbag pasivo, reduciendo el daño sin inmovilizar al pasajero.
Evacuación rápida: otro factor clave
Otro de los motivos por los que los cinturones no están presentes es la necesidad de evacuar con rapidez en situaciones de emergencia, como incendios, escapes de gas o descarrilamientos.
Según organismos de seguridad ferroviaria europeos, los cinturones ya sean de dos o tres puntos pueden dificultar la movilidad, provocar atrapamientos y retrasar la salida del convoy, aumentando el riesgo en situaciones críticas.
En estos escenarios, la rapidez para abandonar el tren es vital, y cualquier elemento que limite el movimiento puede resultar peligroso.
Entonces, ¿por qué aviones y coches sí los necesitan?
La comparación es habitual, pero los riesgos no son los mismos.
- En los coches: el cinturón evita que el ocupante salga despedido contra el volante, el salpicadero o el parabrisas en colisiones a alta velocidad y con desaceleraciones extremas en pocos metros.
- En los aviones: el principal peligro no es el impacto frontal, sino el movimiento vertical. Durante turbulencias, despegues o aterrizajes bruscos, el cinturón es esencial para impedir que los pasajeros salgan proyectados hacia el techo de la cabina.
- En el tren, ese riesgo vertical no existe, y por tanto el cinturón pierde su función protectora.
¿Podría cambiar esto en el futuro?
Por ahora, las regulaciones internacionales y los estudios técnicos coinciden: los cinturones no aportan un beneficio claro en trenes de pasajeros y podrían generar nuevos riesgos.
Aun así, la seguridad ferroviaria sigue evolucionando. Se realizan pruebas constantes para mejorar materiales, diseños interiores y sistemas de absorción de impactos. No se descarta que en el futuro puedan introducirse cambios, pero siempre bajo un principio fundamental: no añadir un elemento que pueda causar más daño del que evita.
