Cierto es que el «proceso» ha implosionado, que los estudios demoscópicos señalan la caída del número de ciudadanos que se declaran independentistas, que ERC y Junts están de capa caída, que el nacionalismo catalán es un movimiento dividido y envejecido y que la prensa afín al Régimen no es lo que era. A ello, sumen una Aliança Catalana que pesca en muchos y diversos caladeros. Al mismo tiempo, se percibe en Cataluña el nacimiento o renacimiento de una suerte de espíritu identitario –el mejor ejemplo se nota en el Pacto Nacional por la Lengua - que vuelve a enaltecer lo propio contra lo impropio. Aunque se trate de un pacto ligado a la investidura de Salvador Illa, llama la atención...
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