Crisis transatlántica por Groenlandia y potencial guerra comercial marcan inicio de Davos 2026
Este año el Foro Económico Mundial promueve el lema “Espíritu de diálogo”, se celebra en medio de la mayor tensión entre Washington y sus aliados europeos en décadas. La disputa por el interés de Trump en la isla danses en Groenlandia ha fracturado a las derechas del Viejo Continente y llevado a Bruselas a preparar represalias económicas, mientras China observa y capitaliza la grieta en el frente occidental.
Este lunes comienza en Suiza una nueva edición del Foro Económico Mundial, la cumbre de Davos, el principal encuentro anual donde confluyen líderes empresariales, jefes de Estado, académicos y referentes sociales para debatir los grandes desafíos globales. Para este 2026, el lema es “Un espíritu de diálogo”, una consigna que contrasta con uno de los escenarios internacionales más tensos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
En la agenda formal aparecen temas como la cooperación en un mundo fragmentado, la reactivación del crecimiento económico en medio de la inflación y los aranceles, la adaptación laboral frente a la inteligencia artificial, la innovación tecnológica responsable y la búsqueda de un desarrollo compatible con los límites ambientales del planeta. Aunque Davos no adopta decisiones vinculantes, sus consensos suelen anticipar las grandes orientaciones políticas y de inversión del año.
Sin embargo, este foro llega en medio de una crisis global que desborda lo económico y golpea, especialmente, el corazón de la relación transatlántica. La administración de Donald Trump reactivó su interés por adquirir o anexar Groenlandia, un territorio que pertenece al Reino de Dinamarca. Una iniciativa que choca con la soberanía europea.
Imágen oficial de la cumbre del Foro Económico Mundial 2026. Vía X@wef
La respuesta de varios países europeos, enviando contingentes militares simbólicos a la isla ártica como señal de disuasión, fue interpretada en Washington como una provocación. Como represalia, Estados Unidos anunció aranceles del 10% a los productos de esos países a partir del 1 febrero, con una escalada prevista hasta el 25% si la situación se mantiene. Lo que parecía un desacuerdo diplomático se ha transformado en una confrontación económica abierta entre aliados históricos.
El quiebre en las derechas europeas
Este choque ha provocado una verdadera tormenta política dentro de Europa, especialmente en las derechas que hasta ahora mantenían una relación ideológica cercana con Trump. La crisis de Groenlandia ha fracturado a ese espacio político entre quienes priorizan la alianza con Washington y quienes colocan la soberanía territorial por encima de cualquier afinidad ideológica.
Para los sectores soberanistas europeos, el dilema es profundo, no pueden defender la pretensión estadounidense sin contradecir su propio discurso ultranacionalista y soberanista. Aceptar que una potencia extranjera pueda presionar para apropiarse de un territorio europeo implicaría admitir que la soberanía de cualquier país pequeño es negociable. Además, Dinamarca, Reino Unido o Francia han sido históricamente unos de los aliados más leales de Estados Unidos en la OTAN, por lo que las amenazas comerciales han sido percibidas como una verdadera traición.
Líderes de los países miembros de la OTAN. Vía X@NXT4EU 10/09/2025.
La crisis también ha dejado escenas políticas inesperadas. En Italia, la primera ministra Giorgia Meloni enfrenta una presión interna creciente. Calificó como un error la amenaza de aranceles estadounidenses e intentó presentarse como mediadora, pero su cercanía con Trump la deja atrapada entre la lealtad ideológica y la defensa de los intereses económicos italianos.
En Francia, en cambio, se produjo un alineamiento inédito, que refleja este quiebre, Marine Le Pen respaldó la postura firme del presidente Emmanuel Macron en defensa de la soberanía, citando a la idea de la “patria grande europea”, priorizando una lógica nacionalista por sobre sus afinidades previas con Trump.
De este modo, emergen dos derechas en tensión. Una derecha atlantista, que sigue considerando a Estados Unidos como garante último de la seguridad europea, y una derecha identitaria o continental, que empieza a ver a Washington como una potencia más que puede amenazar la autonomía del continente. Viktor Orbán, en Hungría, ha optado por el silencio, evitando confrontar abiertamente a su amigo Trump, pero sin respaldar una anexión incompatible con el derecho internacional.
Europa se planta ante Estados Unidos
El “establishment” europeo llega a Davos en un clima de preparación para una eventual guerra comercial. Emmanuel Macron advirtió que Europa responderá de manera unida si se confirman los aranceles, mientras el primer ministro británico, Keir Starmer, calificó como “completamente equivocado sancionar a aliados por buscar seguridad colectiva”. Ocho países europeos emitieron un comunicado conjunto alertando que las amenazas arancelarias pueden desencadenar una peligrosa espiral de deterioro en las relaciones transatlánticas.
European Union flag. Free public domain CC0 photo.
Bruselas definió una estrategia de tres pilares: mantener el diálogo, pero con un paquete de represalias comerciales ya preparado; defender la soberanía europea como un principio innegociable; y acelerar la autonomía estratégica, reduciendo la dependencia militar y económica de Estados Unidos. Incluso algunos líderes europeos han advertido que esta crisis podría marcar el principio del fin de la OTAN tal como la conocemos.
En este escenario emerge un actor inesperadamente fortalecido, China. Pekín busca proyectarse en Davos como un defensor del multilateralismo y del comercio estable, contrastando con la lógica confrontacional de Washington. Europa, aunque con cautela, empieza a explorar un acercamiento pragmático con China en áreas como estándares de inteligencia artificial y transición verde. Este giro debilita la posibilidad de un frente occidental unido frente a Pekín y representa una victoria geopolítica para China sin necesidad de confrontación directa.
Trump y una frase peligrosa: el fin del orden internacional
Sin embargo, la escalada retórica no se detiene. Esta mañana se filtró un mensaje de Trump al primer ministro noruego Jonas Gahr Støre, donde lanzó una inquietante frase: “Dado que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz… ya no me siento obligado a pensar puramente en la paz“.
Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
Paralelamente, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, defendió el uso de aranceles como una herramienta para evitar una guerra militar, admitiendo que el chantaje económico opera como sustituto de la coerción armada.
Desde Rusia, se advierte que la militarización del Ártico empuja la seguridad global hacia un punto de no retorno y en China el portavoz del ministerio de asuntos exteriores, Lian Jian, instó a Estados Unidos a que deje de utilizar la denominada “amenaza china” como pretexto para perseguir intereses egoístas.
El riesgo central es que Trump borró la frontera entre aliados y adversarios. Al sancionar económicamente a países europeos por defender a uno de los suyos, ha colocado a Europa frente a una disyuntiva histórica, aceptar la subordinación o asumir el costo de defender su propia soberanía frente a su antiguo protector.
Así llega el mundo a Davos 2026, con un orden internacional basado en reglas que son parte del pasado, con la relación transatlántica en una crisis inédita y con la sensación de que incluso las alianzas que parecían indestructibles están entrando en una fase terminal.
