Las tres derrotas del
Barça en Liga, en el
Pizjuán, en el
Bernabéu y en
Anoeta fueron muy distintas, pero tuvieron un denominador común: la ausencia de
Raphinha. Por suerte, nadie habla de “Raphinhadependencia” porque el
Barça jugó muy bien ante la Real. Solo los palos (que también juegan),
Remiro (que también juega) y el VAR (que también te la juega cuando menos te lo esperas) impidieron que el
Barça volviese de Euskadi con los tres puntos. Lo mejor de la noche, visto con los ojos culés, fue la mejor actuación de
Lamine Yamal de la temporada. Lideró, generó, y generó espectáculo hasta el punto qué se escuchaban los “oh” de admiración de la afición donostiarra. La primera parte, en especial, fue digna del mejor jugador del planeta. No solo marcó un gol de oportunista (y se lo anularon todavía no sabemos por qué), no solo provocó un penalti (que el VAR anuló por fuera de juego) sino que se hartó de regalar caramelos para que sus compañeros fusilaran a Remiro. Pero no acertó
Pedri, no concretó Olmo y los remates de sus pases de gol, también después del descanso, se iban al limbo. Terminó con una asistencia de gol a
Rashford, pero
Lewandowski también la tuvo sin éxito. A estas alturas de temporada, está ya en dobles figuras. En 25 encuentros, 10 goles y 11 asistencias que han logrado aprovechar sus compañeros y que, con un poco más de tino por parte de ellos, serían muchas más. Y, mejor aún, los incapacitantes dolores por la pubalgia ya parecen historia. Vuelve a poder esprintar y a regatear con su maestría. A los jugadores de la Real les sentó hasta en 12 ocasiones. Otra cifra de récord. Porque, cuando te vas de tres rivales en una misma jugada, ¿las estadísticas cuántos regates te cuentan?
Seguir leyendo...