María josé salió corriendo hacia la estación de trenes de Huelva para avisar de lo que aún nadie era capaz de intuir en todo el país. Su hija, que volvía en el Alvia que debía haber llegado con sus 300 pasajeros a salvo a las diez de la noche del domingo, la había llamado instantes antes por teléfono para avisarle que habían tenido un accidente. La ansiedad de esta madre se disparó cuando aquella llamada se cortó y no podía volver a contactar con la joven. De inmediato, se dirigió a la estación donde despertó del letargo al personal de la ventanilla de un lugar poco transitado a esas horas. «El Alvia ha tenido un accidente, ¿sabéis algo?»...Silencio como respuesta...
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